Danilo Montana nació en el “West Side” argentino, se crió en Morón y en 2019 comenzó su profesionalización como artista. Melómano, graduado en el conservatorio, eligió a la cumbia como género insignia en su carrera y gracias a su talento participó en la producciones de grandes hits en los últimos años, como Tu turrito, Toda remix, Pininfarina remix y Mente gitana.
“Yo hago cumbia, hice temas de distintos géneros, pero ese es el que me más identifica. La moda es media cíclica. Cuando empecé a hacer cumbia su auge en Argentina ya había pasado. Probé hacer trap y me decían ‘ese trap está bien cumbiero’, hacía un reggaetón y me decían lo mismo”, confiesa el artista.
“Todo arrancó cuando tenía ocho años. Mi mamá era docente y de cualquier cosa que vos le dijeras que querías trabajar te alentaba para que estudiaras y te convirtieras en docente también. A mi primito le regalaron una batería y me enamoré de la música, por eso me anotó en el conservatorio. Aprendí las notas, las partituras, la teoría, a leer música.. Con todo el conocimiento pude dedicarme a esto”, recordó.
Montana detalló que “en mi núcleo familiar no había un solo músico, aunque a mí viejo sí le gustaba escuchar. Lo bueno fue que en mi casa no había un mandato de carrera a seguir. Mis padres no querían ser mis ídolos: mi papá era mecánico, mi mamá docente, mi hermano arquitecto y yo músico. Nada que ver con nada, pero todos tuvimos que estudiar”.
La primera experiencia de Danilo como graduado del conservatorio fue única: trabajó de profesor en el penal de Ezeiza. Cuando recuerda su paso por la cárcel, comenta: “Era profesor en los penales, estuve mucho en el penal de Ezeiza. Tenía un miedo terrible porque era una cárcel de alta seguridad, con delincuentes berracos. Pensé que iban a ser unos monstruos porque la pica entre el penitenciario y el preso es tremenda”.
“Yo era un pibito cualquiera que no tenía nada en contra de nadie y no tenía un resguardo. Me acuerdo que yo estaba en el último módulo, me abrían las puertas y me decían ‘Saludá a la cámara para que el de seguridad se rescate de que vos sos el profesor’. Una vez adentro ya estaba en el medio del patio y los presos me preguntaban de dónde venía, hasta que uno de los convictos los paró y les dijo ‘¿Qué le hablás así? ¡Es el profesor!’. Con los docentes estaba todo bien”, agregó.
Sobre esa experiencia, contó que “lo que me sorprendió es que hubiera un montón de presos interesados, los más adaptados, los que estudiaban y trabajaban. Muchos tenían instrumentos y me decían: ‘Profe, quedate tranquilo que en estos penales son todos re ratas. Nadie te va a aportar un instrumento para que des la clase. Ahora voy a llamar a mi familia para que traigan dos timbales’. Otro traía dos guitarras, otro un bajo, y así se fue stockeando la clase. En el módulo de enfrente estaba El Pepo de Los Gedes, que ya tenía su banda y su sonido. Aprendí lo que era trabajar de la música de esa forma”.
Pero llegó el momento en que el profesorado no fue suficiente para satisfacer su necesidad económica. “A los 21 años me enteré que iba a ser papá. Ahí me di cuenta que tenía que encontrar la forma de hacer buena plata con la música, sino debía ponerme a vender helados, atender un local o lo que saliera. Ahí empecé a pensar en mi proyecto como artista y a grabar una seguidilla de canciones con el mismo estilo”.
El progreso fue rápido. “Cuando me puse de verdad se empezaron a dar las cosas. Obviamente, de a poco. Me llamaron de una banda y porque siempre llegaba temprano, estaba careta y era responsable me recomendaban a otra banda y empezó el boca en boca. Hasta que un día dije ‘Quiero mi banda’. Quería mí propio sonido, poder decidir sobre la música, cuándo se corta el tema, cuándo tiene que explotar, dónde se toca... Empecé a inventar lo mío. Con una estructura ya básica pude trabajar con artistas, como J. Rei”.
El último álbum de Danilo Montana es una representación fiel a la personalidad del artista. En Mix de frutas el cantante y productor logró combinar géneros dentro de la columna vertebral tropical. “Traté de relatar la calle, la cotidianeidad. En general la música que describe lo que pasa en los barrios se centran en lo mismo: la inseguridad, la noche, los autos, las motos, pero nadie te habla del amor, nadie te dice cómo se enamora un pibe callejero, cómo se relaciona con una chica. Es mezclar la calle con el arte. Trato de reflejar cómo elabora el duelo un pibe común, cómo conquista. Nunca vas a escucharme hablar en español latino, no hablo de ‘tú’ o de ‘tí’. Imaginate hablarle así a una wacha, no la conquistás, no te levantás a nadie”
¿Cuál es su método para componer? “Arranco a componer pensando cómo le hablaría a una mujer. Tampoco hablo de autos caros. En los barrios la gente que usa motos suele elegir de 110 cilindradas, entonces escribo que te paso a buscar en mi 110. Mis amigos trabajan en cosas comunes, son repartidores, no puedo hablarles de algo que ellos no viven. No te voy a poner ‘Vamos al mejor restaurant’, te voy a poner ‘Vamos a la plaza a comer bizcochitos”.
