Mientras las noticias hablan de humanoides que aprenden idiomas o escriben código, los expertos en robótica miran con cautela. Ken Goldberg, profesor de la Universidad de California en Berkeley, asegura que el mundo real es un reto que los robots aún no pueden superar. Detrás del entusiasmo por la inteligencia artificial (IA), existe una “brecha de datos de 100.000 años” que separa el conocimiento digital del aprendizaje físico. Y esa distancia podría mantener muchos trabajos humanos a salvo durante largo tiempo.
La brecha que frena a los robots
Goldberg, uno de los investigadores más influyentes en robótica y automatización, publicó en Science Robotics una estimación que redefine el debate. Según sus cálculos, si una persona intentara leer todo el texto disponible en internet, tardaría unos 100.000 años. Esa es la escala de datos con la que se entrenan los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT o Gemini.
En cambio, los robots no disponen ni de una fracción comparable de información sobre el mundo físico. “Entrenar a un robot es mucho más complejo que entrenar un modelo de lenguaje”, explica Goldberg. “No podemos simplemente mostrarle vídeos de YouTube y esperar que comprenda cómo se siente un objeto o cómo aplicar la fuerza justa para sujetarlo.”
Esa falta de datos reales hace que la IA pueda redactar ensayos impecables, pero no sirva un café sin volcarlo. “La brecha entre las habilidades lingüísticas y las habilidades manuales sigue siendo enorme”, señala el experto.

Expectativas infladas y realidades lentas
A medida que los modelos generativos avanzan, crece también la idea de que los robots pronto reemplazarán a cirujanos, obreros o recepcionistas. Goldberg y otros científicos del MIT, Georgia Tech y ETH-Zurich sostienen lo contrario: la robótica avanza, sí, pero con límites físicos y económicos que el público tiende a subestimar.
“Estamos ante una burbuja de expectativas”, advierte Goldberg. “Se ha resuelto parte del lenguaje, pero eso no significa que se haya resuelto la manipulación, la locomoción o la percepción física del entorno.”
Incluso las tareas más simples, como girar una perilla o recoger un vaso, implican cientos de microajustes que los humanos realizan de manera automática. Replicar esa coordinación requiere sensores, algoritmos y cantidades de datos que hoy no existen.
Por eso, el investigador insiste: no habrá humanoides sustituyendo trabajadores en los próximos dos, cinco ni diez años.
Qué trabajos están realmente en riesgo
Lejos de las visiones catastrofistas, Goldberg cree que los empleos manuales están entre los más seguros. Oficios como la carpintería, la fontanería o la peluquería requieren precisión física y adaptabilidad que ningún sistema robótico ha conseguido replicar.
“En mi opinión, los oficios y el trabajo manual están a salvo por mucho tiempo”, señala. “Los robots todavía no pueden desenvolverse en entornos no estructurados como los humanos.”
En cambio, los puestos administrativos o de gestión rutinaria son los más susceptibles a la automatización. Procesos como rellenar formularios hospitalarios, validar datos o generar informes repetitivos ya pueden realizarse con software basado en IA.
La atención al cliente, sin embargo, sigue siendo un desafío. “Cuando una máquina responde a tu llamada y no entiende tu frustración, el problema se agrava”, explica Goldberg. “La empatía sigue siendo una ventaja humana.”

La colaboración, no la sustitución
Más que una amenaza, la robótica podría convertirse en una extensión del trabajo humano. Goldberg imagina un futuro donde las máquinas asuman las tareas repetitivas y peligrosas, mientras las personas se centran en la creatividad, el análisis y la empatía.
Ejemplos como la cirugía robótica o la automatización industrial ya demuestran esta colaboración: los robots aportan precisión; los humanos, criterio. “El desafío no es reemplazar a las personas, sino diseñar sistemas que trabajen a su lado”, sostiene el especialista.
La “brecha de los 100.000 años” podría acortarse con tecnologías que integren visión, tacto y aprendizaje adaptativo. Pero, por ahora, esa integración está muy lejos de ser real.
Un futuro más humano de lo que parece
El temor a que las máquinas nos desplacen acompaña a la humanidad desde la Revolución Industrial. Sin embargo, Goldberg cree que esta vez la historia será distinta. “El miedo a que los robots se descontrolen o nos quiten el trabajo ha existido siempre. Pero aún estamos muy lejos de eso. A los humanos nos quedan muchos buenos años por delante.”
El futuro del trabajo no se decidirá por la velocidad de los procesadores, sino por la capacidad de integrar inteligencia artificial con inteligencia humana. Hasta entonces, el mayor reto de los robots no será reemplazarnos, sino entender el mundo que habitamos.
Fuente: Meteored.