El placer de escuchar

Debajo de nuestros pies se libra una guerra silenciosa. Las tierras raras, el recurso invisible que sostiene la tecnología moderna y que tiene a China y Estados Unidos en disputa

No son oro ni petróleo. Tampoco diamantes. Pero sin las tierras raras, el mundo moderno literalmente dejaría de girar. Estos 17 elementos químicos —como el neodimio, el disprosio, el lantano o el cerio— hacen posible la tecnología que define nuestra era: motores eléctricos, turbinas eólicas, drones, satélites, teléfonos móviles, lentes, discos duros y armas de precisión.

Descubiertas a finales del siglo XVIII en una mina sueca, las tierras raras no son escasas por cantidad, sino por su complejidad: nunca aparecen solas. Se encuentran dispersas entre otros minerales y requieren procesos químicos costosos y contaminantes para separarlas. En otras palabras, no es su rareza lo que las hace valiosas, sino su procesamiento.

El poder bajo el suelo

El tesoro invisible que sostiene la era tecnológica. Qué son las tierras raras y por qué China y Estados Unidos pelean por controlarlas
© El País – Gizmodo.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, el planeta alberga más de 110 millones de toneladas de reservas conocidas. Casi la mitad pertenece a China, que concentra no solo la extracción, sino también el refinado industrial: el paso que transforma la roca en el polvo metálico capaz de hacer volar un avión o girar una turbina.

Pekín comprendió esta ventaja antes que nadie. Desde los años 80, el país desarrolló una estrategia de control vertical: inversión estatal, subsidios masivos y dominio del refinamiento químico. Mientras Occidente externalizaba su industria, China se convirtió en el laboratorio del mundo. Hoy, refina más del 80 % de las tierras raras procesadas globalmente y posee la mayoría de las patentes vinculadas.

Este dominio tiene un costo: enormes daños ambientales y comunidades enteras afectadas por la contaminación del suelo. Pero el rédito geopolítico es tan grande que ninguna potencia lo ignora.

El pacto del neodimio

En los últimos años, las tensiones por estos metales se transformaron en un nuevo frente de la rivalidad entre Estados Unidos y China. La crisis más reciente estalló cuando el presidente Donald Trump y su par Xi Jinping acordaron este jueves reducir las fricciones comerciales. Washington se comprometió a reducir ciertos aranceles, y Pekín —a cambio— garantizó mantener el flujo de tierras raras hacia la industria estadounidense.

El pacto, prorrogable por un año, busca desactivar un punto de presión crítico. En el pasado, China ya había demostrado que podía usar las tierras raras como arma diplomática: en 2010 cortó temporalmente el suministro a Japón tras un conflicto territorial.

Desde entonces, países como Japón, Australia o Estados Unidos han tratado de diversificar su acceso. Washington reactivó minas en California y financia proyectos en África y Canadá, pero sigue dependiendo de los refinadores chinos para completar el ciclo.

El recurso que mueve el futuro

Cada gramo de estos metales sostiene el progreso tecnológico y energético del siglo XXI. El neodimio y el disprosio permiten fabricar los imanes permanentes que hacen girar las turbinas eólicas y los motores eléctricos. El cerio pule los vidrios de los smartphones y el lantano es clave en los catalizadores de los motores de combustión. Incluso el europio y el terbio dan color a las pantallas LED y los proyectores.

Por eso, la transición energética no solo depende del sol o el viento: depende de una cadena de suministro frágil y geopolíticamente tensa. La Unión Europea, por ejemplo, calcula que necesitará 26 veces más tierras raras para 2050 si quiere cumplir sus metas de neutralidad de carbono.

Latinoamérica y el nuevo tablero

El tesoro invisible que sostiene la era tecnológica. Qué son las tierras raras y por qué China y Estados Unidos pelean por controlarlas
© Shutterstock.

Aunque el mapa global se dibuja entre China, Estados Unidos y Australia, América Latina también está en el radar. Brasil concentra cerca del 20 % de las reservas mundiales, convirtiéndose en el actor más importante de la región. Argentina, por su parte, posee yacimientos menores, identificados en cinco provincias según un informe de 2022 del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar).

Aunque sus volúmenes son modestos, la atención internacional ya se ha posado sobre ellos: los minerales críticos son el nuevo lenguaje de la diplomacia. Y en un mundo que busca energía limpia y control tecnológico, ningún país quiere depender por completo de otro.

Una guerra que no se ve, pero se siente

Las tierras raras son el símbolo perfecto de esta era: invisibles, indispensables y disputadas. No generan titulares como el petróleo o el gas, pero cada batería, cada radar y cada motor eléctrico las necesita.

Y ahí, bajo la superficie, se libra la guerra más silenciosa de nuestro tiempo: una en la que la supremacía no se mide en misiles, sino en átomos.

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