En un rincón de la provincia de Jiangsu, en el este de China, una montaña artificial de agua acaba de entrar en funcionamiento. No es una presa común ni una central más en el mapa energético: es, en la práctica, la batería más grande del planeta. Pero, a diferencia de las que conocemos, no usa litio, ni níquel, ni grafito. Solo agua, gravedad y una cantidad precisa de ingeniería.
La central de bombeo reversible de Jùróng marca un nuevo récord mundial con su presa de 182,3 metros de altura, equivalente a un edificio de 60 pisos. En su interior, el agua se convierte en un recurso bidireccional: se eleva para almacenar energía y se libera para producirla, reproduciendo el mismo principio que mueve al planeta desde hace millones de años.
La montaña que respira energía

Durante las horas en las que el consumo eléctrico cae, las bombas de la central trabajan en silencio, empujando millones de litros de agua hacia el embalse superior. Allí queda atrapada, suspendida en forma de energía potencial, como una enorme batería cargada.
Cuando la demanda sube —por ejemplo, cuando las luces de Shanghái y Nankín iluminan la noche o las fábricas reanudan su producción—, el sistema se invierte: el agua cae con fuerza hacia las turbinas, generando electricidad con una potencia instalada de 1,35 millones de kilovatios.
El resultado es una producción estimada de 1.350 millones de kWh al año, suficiente para abastecer a una ciudad mediana durante todo un año. Su capacidad de regulación bidireccional de 2,7 millones de kW permite estabilizar una de las redes eléctricas más sobrecargadas del planeta: la del este de China.
La ingeniería detrás del récord
Más allá de las cifras, el proyecto es una demostración de precisión técnica. La presa de Jùróng no solo es la más alta jamás construida para una central de bombeo, sino que también ha introducido avances en materiales impermeabilizantes y sistemas de válvulas esféricas de gran tamaño, diseñados para soportar presiones extremas sin comprometer la estabilidad de la estructura.
Su embalse superior puede almacenar 17 millones de metros cúbicos de agua, el equivalente a casi 7 000 piscinas olímpicas. La escala es tan descomunal que, vista desde el aire, la obra parece una cicatriz brillante sobre el terreno, una frontera entre el acero, el hormigón y la fuerza natural del agua.
Una batería para el futuro de las renovables

El desafío más grande de las energías renovables —solar y eólica— no es producir electricidad, sino guardarla cuando sobra y liberarla cuando falta. Los parques solares generan picos de energía durante el día, mientras los aerogeneradores dependen del viento. Pero las ciudades necesitan electricidad constante, sin importar la hora ni el clima.
Ahí entra en juego la física más elemental: la energía potencial gravitatoria. El sistema de bombeo actúa como un enorme pulmón que respira electricidad. Absorbe los excedentes cuando la oferta supera la demanda y los devuelve cuando el sistema está al límite.
A diferencia de las baterías químicas, las centrales de bombeo no se degradan, no generan residuos tóxicos y pueden durar más de medio siglo con mantenimiento mínimo.
En un momento en que el planeta depende de reservas de litio que son tan limitadas como geopolíticamente sensibles, este modelo ofrece una alternativa limpia, predecible y escalable.
Una red eléctrica que aprende a adaptarse

El este de China concentra una de las densidades industriales más altas del mundo. Fábricas, trenes eléctricos, centros de datos y viviendas inteligentes dependen de una red que no puede fallar. Una interrupción aquí no se traduce solo en apagones: puede afectar cadenas de suministro globales y sectores tecnológicos enteros.
Gracias a sistemas como el de Jùróng, el operador nacional puede ajustar la frecuencia y el voltaje en segundos, equilibrando los altibajos del consumo con una respuesta flexible. Es la versión moderna de una presa tradicional: una infraestructura que ya no solo genera energía, sino que la regula, almacena y protege.
Desde el inicio del actual 14.º Plan Quinquenal, China ha puesto en marcha 78 unidades de bombeo como esta, con una capacidad total que ya supera los 44,5 millones de kW. Cada una actúa como un nodo dentro de un sistema eléctrico cada vez más dinámico, más distribuido y más preparado para los extremos del clima.
Cuando la gravedad sustituye al litio
El mundo suele mirar hacia el espacio para hablar del futuro energético, pero quizás la respuesta esté bajo nuestros pies. Las centrales de bombeo reversibles no son nuevas, pero hoy están viviendo su renacimiento. Representan la versión más pura de la sostenibilidad: convertir la gravedad —la fuerza más constante del universo— en una fuente de energía limpia y renovable.
La presa de Jùróng es más que un récord. Es un símbolo de una nueva etapa donde el progreso tecnológico vuelve a dialogar con las leyes básicas de la naturaleza. Donde la montaña se convierte en batería, el agua en electricidad y la energía en una promesa que fluye, sube y baja, al ritmo del planeta.