El placer de escuchar

Duolingo era el ejemplo de cómo una app puede conquistar al mundo. Hoy atraviesa su mayor crisis y la bolsa la está castigando sin piedad

Pocas startups han conseguido lo que logró Duolingo: convertir algo tan árido como aprender idiomas en una experiencia casi lúdica. Luis von Ahn entendió rápido una verdad incómoda: la gente quiere aprender, pero también quiere pasarlo bien mientras lo hace. Y ahí la app brilló.

Las pequeñas recompensas, la gamificación suave, los personajes caricaturescos… todo era parte de un ecosistema que no solo enseñaba, sino que hacía sentir bien al usuario.

Durante años, Duolingo cultivó esa imagen de compañía rebelde, divertida, accesible. Sumó idiomas, certificaciones, cursos para escuelas, incluso bromas internas como incorporar klingon o alto valyrio. La plataforma creció, su cultura también. Para muchos, Duolingo no era “una app más”: era la app.

Su salida a bolsa en 2021 fue casi un trámite. Los números venían acompañados de una narrativa irresistible: “la empresa que hace simpático aprender”. Y durante un tiempo, todo funcionó.

Hasta que dejó de hacerlo.

El giro de la IA: no fue la amenaza externa, sino el mensaje interno

Duolingo pasó de ser la app “simpática” que todos amábamos a un gigante en crisis. Las decisiones estratégicas y la revolución de la IA la han dejado en la cuerda floja.
© Duolingo.

Cuando GPT-4o llegó a escena en 2024, muchos advirtieron que la educación personalizada estaba a punto de cambiar para siempre. Pero, curiosamente, Duolingo no cayó inmediatamente. La empresa seguía creciendo, sumaba usuarios y renovaba su catálogo de cursos.

Lo que realmente empezó a herirla fue algo más simple —y más evitable—: su propia comunicación.

En abril, Luis von Ahn anunció una estrategia “AI First”. Una frase que, en un laboratorio, habría sonado lógica, pero que en una plataforma que vivía de su cercanía se interpretó como un abandono del toque humano. El mensaje cayó como una bomba. Las redes, la comunidad y muchos usuarios fieles leyeron lo mismo: Duolingo quiere reemplazar profesores y moderadores con IA.

El daño fue instantáneo. Las acciones empezaron a deslizarse cuesta abajo. Y, como suele ocurrir, cuando el relato se debilita, cada error pesa el doble.

En agosto, la llegada de GPT-5 añadió otra estocada: cualquiera podía montar su propio “Duolingo casero” hablando con un chatbot, pidiéndole ejercicios adaptados, correcciones en vivo y juegos lingüísticos. Por primera vez, el competidor más grande de Duolingo no era Babbel ni Rosetta Stone: era un modelo conversacional disponible en cualquier móvil.

Y entonces llegó el golpe más duro.

Los resultados eran buenos… pero no lo suficiente para Wall Street

Duolingo pasó de ser la app “simpática” que todos amábamos a un gigante en crisis. Las decisiones estratégicas y la revolución de la IA la han dejado en la cuerda floja.
© Google.

Esta semana, Duolingo mostró números que cualquier empresa envidiaría:

  • 135 millones de usuarios activos mensuales,
  • 50 millones de usuarios diarios,
  • crecimiento del 34 % en suscripciones de pago.

Sobre el papel, el negocio funciona. En la bolsa, no.

Las previsiones para el último trimestre del año fueron más tibias, y eso bastó para un nuevo desplome: las acciones han caído un 64 % desde los máximos de mayo, justo después del anuncio “AI First”.

La paradoja es evidente: Duolingo no está muriendo financieramente; está perdiendo algo más frágil: su aura.

Lo que era “la app más querida” hoy es cuestionada por su propia comunidad, que siente que la empresa ha cruzado un límite entre lo divertido y lo artificial.

El verdadero riesgo para Duolingo: descubrir que la IA enseña idiomas con menos artificio… y más eficacia

La amenaza no es solo estratégica. Es filosófica. Un chatbot que conversa de manera natural, corrige fallos en tiempo real y adapta el nivel minuto a minuto no necesita fueguitos, rachas ni cofres de monedas. Se parece más a un profesor particular que a un videojuego.

Y, como decían los usuarios que se rebelaron en Reddit: “La recompensa por aprender un idioma… es aprenderlo.”

Ese es el dilema que Duolingo no vio venir. El arma que ayudó a construir su imperio —la gamificación— es también la que muchos ahora cuestionan en un mundo donde la IA ofrece alternativas más directas.

La empresa no está acabada, ni mucho menos. Tiene base de usuarios, reconocimiento global y un producto que funciona. Pero enfrenta una encrucijada radical: ¿seguir siendo el Duolingo divertido que enamoró al mundo? ¿o transformarse en algo más ambicioso sin sacrificar lo que la hizo única?

La próxima década dirá si Duolingo consigue adaptarse a un ecosistema donde aprender ya no requiere fueguitos verdes ni puntos de experiencia… sino una conversación fluida con un modelo que nunca se cansa, nunca se distrae y nunca pierde la paciencia.

Un rival tan formidable que ni siquiera necesita caerte simpático.

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