
En un mundo que exige velocidad y decisiones contundentes frente al cambio climático, China está dando un paso que pocos imaginaban posible: electrificar su crecimiento mientras reduce emisiones. Lo está logrando gracias a una red de ultra alta tensión que convierte al sol del desierto y al viento de las estepas en combustible para ciudades industriales lejanas. La magnitud tecnológica y política de esta transformación crea un precedente que la COP30 observa con atención.
Una superred para un país descomunal
China, el mayor emisor de CO₂, ha conseguido un avance que rompe sus propias previsiones: en 2024 instaló más de 1.630 GW de energías renovables, alcanzando antes de tiempo su objetivo fijado para 2030. La energía solar ya aporta un 12% de la electricidad nacional y la eólica un 11%, cifras impensables hace apenas una década. La consecuencia inmediata es la caída de la cuota del carbón, que desciende al 53% en los meses clave del año.
Este salto solo es viable gracias a una tecnología que China domina como nadie: la corriente continua de ultra alta tensión (UHVDC). Estas líneas permiten mover enormes cantidades de energía a miles de kilómetros con pérdidas mínimas. Hoy el país tiene más de 40.000 kilómetros de líneas UHVDC, el doble que hace cinco años, tejiendo un sistema eléctrico que va desde regiones despobladas hasta los corazones industriales.
Mover el sol y el viento sin perder potencia
Uno de los ejemplos más emblemáticos es la línea de 1.616 kilómetros que transporta 8.000 MW de energía solar y eólica desde el noroeste hasta ciudades del sur. Esa capacidad equivale a abastecer a diez millones de hogares con electricidad totalmente renovable. Con proyectos así, China ha logrado que las energías limpias superen el 25% de su generación eléctrica total.
Este modelo atenúa la intermitencia renovable: cuando el viento cae en una región, otra llena el vacío. La superred funciona como un sistema nervioso capaz de equilibrar el consumo de un país que sigue creciendo y electrificando movilidad, industria y transporte ferroviario.
Inversión masiva y liderazgo en la COP30
El impulso no es solo técnico: es estratégico. En 2024, China invirtió 675.000 millones de dólares en energías limpias, un tercio del total mundial. De cara a 2035, planea alcanzar 3.600 GW de solar y eólica y superar el 30% de generación renovable.
En la COP30, este avance posiciona al país como potencia climática capaz de liderar al Sur Global y llenar vacíos diplomáticos en la transición energética.
La lección que deja China
El mensaje es claro: la transición no es únicamente ambiental, sino económica. La superred genera empleo, competitividad y resiliencia energética. Si el mayor emisor ha logrado doblar su curva de emisiones sin apagar su crecimiento, ¿qué excusa queda para el resto? Imitar lo que funciona podría ser el primer paso hacia un planeta que frene —de verdad— el cambio climático.
Fuente: Meteored.