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Empoderamiento y violencia digital: la paradoja de ser mujer en las redes

Las redes sociales se han convertido en el principal espacio de socialización de las nuevas generaciones. Nueve de cada diez adolescentes españoles están conectados varias veces al día —muchos de ellos, de forma permanente—. En este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿aumentan o reducen la brecha de género? La respuesta es compleja: empoderan y, a la vez, refuerzan desigualdades históricas.

Redes sociales: un altavoz para la igualdad… y también un campo minado

Para millones de chicas jóvenes, las redes han sido un motor de sororidad y denuncia. Movimientos como #MeToo, #YoSíTeCreo o #NiUnaMenos nacieron, crecieron y se consolidaron en el entorno digital, permitiendo visibilizar violencias y discriminaciones antes silenciadas. También han favorecido espacios de apoyo sobre maternidad, salud mental, fertilidad o síndrome de la impostora.

Pero esta parte luminosa convive con su reverso.

Los estudios muestran claras diferencias de uso entre chicos y chicas. Ellas tienden a gravitar hacia TikTok e Instagram, donde predominan contenidos de moda, belleza, música o influencers. Ellos, hacia YouTube, Twitch o videojuegos.
Este patrón tiene consecuencias directas: la presión estética y la comparación social afectan de manera desproporcionada a las adolescentes. Plataformas como Instagram están asociadas a insatisfacción corporal, baja autoestima y mayor exposición a sexualización.

Empoderamiento y violencia digital: la paradoja de ser mujer en las redes
© FreePik

IA generativa: un nuevo foco de sesgos

La revolución de los influencers virtuales creados con IA —como Aitana López o Shudu Gram— introduce un nuevo desafío. Estos modelos digitales reproducen y exageran estereotipos físicos y psicológicos basados en datos cargados de sesgos de género.
El resultado: cuerpos imposibles, roles tradicionales y un refuerzo de la desigualdad bajo apariencia futurista. A pesar de su impacto creciente, aún existen pocos estudios que analicen cómo estos modelos influyen en las expectativas y percepciones de jóvenes y adolescentes.

El lado oscuro de las redes: acoso, grooming y violencia

Entre los 11 y 17 años, una de cada tres personas interactúa en redes con desconocidos. Las chicas, además, reciben más mensajes no solicitados, más insinuaciones sexuales y viven más episodios de acoso.

Según el Instituto de las Mujeres:

  • El 80 % de las mujeres ha sufrido alguna forma de acoso online.

  • La mitad de estos episodios están relacionados con intentos de establecer relaciones íntimas por desconocidos.

  • La mayoría no sabe dónde denunciar un caso de violencia digital.

A esto se suma el auge de la machosfera, un ecosistema de contenidos misóginos y antifeministas que banaliza la violencia de género y seduce a adolescentes en busca de pertenencia. No es casual: entre los chicos, la creencia de que la violencia machista “es un invento ideológico” ha escalado del 12 % al 23 % en solo cuatro años.

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Videojuegos y pornografía: otros espacios donde persiste la desigualdad

Aunque el 47 % de gamers son mujeres, muchas se ven obligadas a ocultar su identidad para evitar insultos o acoso. Las creadoras y desarrolladoras de videojuegos también sufren hostigamiento frecuente.

El acceso temprano y masivo a la pornografía —principalmente por parte de chicos— tiene un impacto directo en su idea sobre sexualidad, consentimiento y roles de género. En muchas parejas adolescentes ya se observan dinámicas que imitan los guiones pornográficos, normalizando prácticas agresivas o desigualdades.

Educar para un uso crítico, responsable y ético

La evidencia es clara: el entorno digital amplifica oportunidades, pero también agranda viejas desigualdades y crea nuevas. Por eso es imprescindible trabajar:

  • con niños, niñas y adolescentes, para promover pensamiento crítico y uso consciente;

  • con familias y profesorado, para guiarlos y acompañarlos;

  • y con expertos en educación, para diseñar estrategias que reduzcan los riesgos y promuevan igualdad.

El futuro digital será más igualitario solo si somos capaces de construirlo así.

Fuente: TheConversation.

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