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Las armas que están cazando drones sin disparar una bala. Láseres y pulsos de radio podrían reescribir la guerra del siglo XXI

Durante dos años, los drones han sido los verdaderos protagonistas del frente ucraniano. Baratos, desechables y letales, ampliaron la vulnerabilidad del campo de batalla hasta límites inéditos. Pero la historia militar es cíclica: toda revolución trae su contrarrevolución. Y ahora, dos tecnologías —los láseres de alta precisión y las armas de radiofrecuencia— están empezando a desmontar la supremacía aérea de estos vehículos. Su aparición podría marcar el comienzo de una nueva fase en la guerra del siglo XXI.

La era de los drones y el principio del contraataque tecnológico

Ningún ejército moderno había dependido tanto de los drones como Ucrania. Se calcula que entre 60 % y 70 % de las bajas ucranianas están vinculadas directa o indirectamente a drones kamikaze, de reconocimiento o de ataque. Su proliferación ha reconfigurado el frente, extendiendo la zona de peligro 10 a 15 kilómetros más allá de la línea de contacto y haciendo vulnerables posiciones que antes se consideraban seguras.

Los drones no solo atacan: observan artillería, ajustan fuego, coordinan unidades y vigilan durante horas desde el aire. La combinación de autonomía, bajo coste y disponibilidad masiva parecía haber desplazado para siempre a los aviones tripulados en conflictos de desgaste.

Pero esa supremacía está empezando a encontrarse con un freno.

Láseres y radiofrecuencia: las dos armas que están desmontando la ventaja de los drones

Las armas que están cazando drones sin disparar una bala. Láseres y pulsos de radio podrían reescribir la guerra del siglo XXI
© Ministerio de Defensa Británico.

La primera gran innovación es DragonFire, el arma láser desarrollada por el Reino Unido. Diseñada como defensa naval, puede destruir un dron con una precisión quirúrgica: apunta a un objetivo del tamaño de una moneda desde un kilómetro de distancia, y su coste por disparo es de apenas 10 libras. La Marina Real planea instalarlo a partir de 2027.

Sin embargo, su desventaja es clara: necesita línea de visión. Si hay niebla, nubes bajas o humo, el láser pierde eficacia.

Ahí entra la segunda gran tecnología: las armas de radiofrecuencia, pensadas para emitir pulsos capaces de freír la electrónica de un dron en pleno vuelo. No requieren visión directa, funcionan con mal tiempo y, a diferencia del láser, pueden neutralizar varios blancos simultáneamente.

Su inconveniente es igual de significativo: no discriminan objetivos. Cuando se activa un pulso de radio, ninguna aeronave amiga puede estar operando en el área.

Aun así, juntas representan algo más grande: el retorno al clásico “avance-contramedida” que ha definido la guerra desde los tanques de 1916 hasta las defensas antimisiles modernas.

La guerra aérea del futuro ya no está escrita

El dominio de los drones parecía inevitable. Baratos, difíciles de interceptar y letales, se presentaban como la próxima revolución estable. Pero la aparición de armas láser y sistemas de radiofrecuencia reabre el tablero, mostrando que ninguna tecnología es definitiva en el campo de batalla.

Lo que veremos en Ucrania —y después en otros conflictos— será una carrera de adaptación constante. Drones más rápidos, sigilosos o resistentes frente a láseres más precisos y pulsos de radio más potentes. La guerra del futuro volverá a ser un juego de acción y reacción, y el dominio final no está garantizado para nadie.

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