El placer de escuchar

BM lanzó su primer disco: “Se lo mostré a mi vieja y lo primero que hizo fue llorar”

En Chivilcoy, su lugar en el mundo, Brian Martignone, mejor conocido como BM, estrenó Volando Sin Alas, su primer álbum de estudio y también el más íntimo de toda su carrera. Lejos del golpe de efecto y de la lógica del hit inmediato, el artista eligió volver a casa para mostrar un proyecto que habla de su historia, de su familia, de sus luces y de sus sombras. “Quise venir temprano para estar tranquilo, con mi familia, porque si no me pongo muy ansioso”, reveló antes de la proyección especial del disco en el cine de la ciudad.

La elección del lugar para la entrevista no fue casual. “Esta es la casa de mi vieja”, dijo con una sonrisa cuando llegó al encuentro. Y explicó: “Chivilcoy fue la primera ciudad que me apoyó, los que dieron play en las clandestinas en plena pandemia. Fueron el motor para que todo esto exista”.

Volando Sin Alas no es un disco más dentro de su recorrido urbano. Es, según el propio BM, una ruptura. “Estuve pasando por momentos personales bastante heavys y la música que estaba sonando no me llenaba. Yo no empecé a hacer música por esto”, reconoció. Fue entonces cuando decidió dar un giro radical: “Hice un 180 en mi música y empecé a nutrirme de otras cosas, a volver a las raíces del por qué me gusta la música”.

Ese cambio no es sólo estilístico: es emocional. El álbum recorre, en nueve canciones, el ciclo de la vida de una persona. “El disco tiene un concepto: arranca en mi nacimiento y termina con la muerte. Está pensado para que toque cada fibra emocional y se escuche sin skip”,

La reacción más fuerte la tuvo en su propia casa: “Se lo mostré a mi vieja y lo primero que hizo fue llorar”, contó. Y agregó: “Yo venía haciendo música comercial y nunca había hablado de mí así”.

Durante y después de la pandemia, BM fue sinónimo de hit. Canciones como La morocha lo convirtieron en un referente de las listas. Pero hoy se distancia de esa etapa: “El Brian de hace dos años atrás no es el mismo de ahora. Pasé por situaciones muy difíciles y me tuve que desconectar de la música”.

Incluso llegó a dejar de sacar canciones por un tiempo. “Hubo un momento en el que no podía hacer música. Fue un mal momento conmigo mismo”, dijo, sin dar detalles, pero dejando en claro el impacto que atravesó.

Si pudiera hablar con ese chico que empezaba, hoy le diría algo simple: “Que se quede tranquilo, que todo iba a suceder. Yo soy muy creyente de que la constancia hace que logres cualquier cosa”.

Análisis del álbum: un relato en nueve actos

El disco se abre con una introducción que habla de su hija Roma, la familia y el vértigo del éxito. A partir de ahí comienza un viaje emocional. Musicalmente, BM se corre del molde estrictamente urbano para explorar climas más rockeros, pasajes introspectivos, baladas oscuras y momentos de alto voltaje emocional.

El estreno del álbum tuvo un correlato visual. Los videoclips funcionan como una película fragmentada que acompaña cada etapa del disco. Hay registros en su casa de la infancia, noches de fiesta donde aparece el vacío, escenas de amor, ruptura y caída. En varios pasajes, se usan formatos caseros y cámaras personales, reforzando la sensación de intimidad.

BM, con 26 años, llegó a ser uno de los artistas más escuchados de la Argentina. Alcanzó el puesto #2 del ranking de Spotify, fue #1 durante meses con “Ni Una Ni Dos”, ingresó al Global Top 200 con “M.A Remix” junto a Callejero Fino, La Joaqui y Lola Índigo, y colaboró con figuras como TINI, Jay Wheeler, Rusherking y Soge Culebra.

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