Europa apuesta fuerte por las renovables para cumplir sus objetivos climáticos y, en el norte del continente, la eólica marina se ha convertido en la gran protagonista. Sin embargo, la concentración de aerogeneradores en el Mar del Norte ha destapado un problema inesperado: el viento no es infinito. A medida que los parques crecen, empiezan a afectar al rendimiento de los vecinos, generando tensiones entre países que, paradójicamente, persiguen el mismo objetivo verde.
El efecto estela: cuando el viento llega cansado
Cada aerogenerador extrae energía del viento, pero este no desaparece al atravesar las palas. Continúa su camino, aunque más lento y turbulento. Este fenómeno se conoce como wake effect o efecto estela.
En parques eólicos marinos muy densos, estas estelas pueden extenderse decenas e incluso más de 100 kilómetros. El viento tarda mucho tiempo en recuperar su velocidad original, lo que reduce la energía disponible para los aerogeneradores situados más atrás o en parques cercanos.

“Robo de viento”: un término polémico, pero revelador
Aunque nadie puede ser propietario del viento, los datos muestran que un parque eólico construido a barlovento puede reducir la producción de otro situado a sotavento. Mediciones por satélite confirman que la velocidad del viento puede disminuir hasta un 9%, lo que se traduce en pérdidas de entre el 10% y el 20% de generación eléctrica.
De ahí surge el término coloquial de “robo de viento”. No es legalmente exacto, pero sí muy gráfico para explicar un problema real y cada vez más frecuente en el Mar del Norte.
Princess Elisabeth y el conflicto belga
Un caso paradigmático es el parque eólico marino Princess Elisabeth, que Bélgica está construyendo con una capacidad de 3,5 GW. Aunque supone un enorme avance para el país, sus propias autoridades reconocen que generará una estela de unos 55 kilómetros.
Según la Universidad de Lovaina, los parques belgas más antiguos situados al este sufrirán:
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Una reducción media del 8,5% en la producción anual.
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Pérdidas puntuales de hasta el 15% en días muy ventosos.
Y el impacto no termina ahí: el viento afectado cruza fronteras y alcanza instalaciones de Países Bajos y Alemania.
Un Mar del Norte cada vez más lleno
De cara a 2030, la capacidad eólica marina del Mar del Norte se triplicará. Bélgica, Países Bajos, Alemania y Dinamarca aspiran conjuntamente a 65 GW de potencia offshore. Eso implica miles de turbinas operando en un espacio relativamente limitado.
Por ejemplo, se estima que el parque holandés de Borssele reducirá en un 2,7% la producción de algunos parques belgas. Las acusaciones cruzadas ya están sobre la mesa.
¿Hay solución al conflicto del viento?
No es sencilla. Muchos parques ya están construidos o en fase avanzada, pero se exploran varias vías:
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Optimizar el diseño y la orientación de las turbinas.
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Aumentar la potencia individual para instalar menos aerogeneradores.
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Crear zonas de amortiguación entre parques.
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Coordinar estudios y planificación entre países.
La clave, según los expertos, no es técnica sino política: cooperar en lugar de competir. Porque en el Mar del Norte, el viento sopla para todos… pero no al mismo tiempo ni con la misma fuerza.