El placer de escuchar

Durante años la fusión nuclear siempre estuvo a 30 años de distancia. Ahora dos proyectos creen que puede ser una realidad en una década

Durante buena parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI, la fusión nuclear fue el ejemplo perfecto de una tecnología imposible de alcanzar. Siempre estaba cerca, pero nunca lo suficiente. Cada avance importante venía acompañado de la misma coletilla: aún faltan unas tres décadas para verla funcionar fuera del laboratorio. Esa narrativa, sin embargo, empieza a resquebrajarse.

Hoy, dos de los proyectos de fusión más avanzados de Europa aseguran que el salto hacia plantas piloto de generación eléctrica ya no es una fantasía lejana. Los responsables del tokamak SMART, en Sevilla, y del programa británico STEP Fusion coinciden en algo clave: la tecnología ha madurado lo suficiente como para pensar en reactores que produzcan más energía de la que consumen.

De promesa eterna a hoja de ruta concreta

Durante años la fusión nuclear siempre estuvo a 30 años de distancia. Ahora dos proyectos creen que puede ser una realidad en una década
© Shutterstock / hallowhalls.

El caso español es especialmente llamativo. El reactor SMART (Small Aspect Ratio Tokamak), liderado por la Universidad de Sevilla, logró generar plasma —el “combustible” de la fusión— a unos 10 millones de grados y mantenerlo estable durante más tiempo del previsto. Fue una prueba fundamental para validar un enfoque distinto al de los grandes proyectos internacionales.

La clave está en su diseño compacto. Frente a los enormes tokamaks tradicionales, SMART apuesta por una geometría esférica, imanes superconductores de alta temperatura y una configuración del plasma conocida como triangularidad negativa. Todo ello permite lograr el mismo confinamiento con menos energía externa y en menos volumen, un factor decisivo para que la fusión sea económicamente viable.

Según Manuel García Muñoz, uno de los responsables del proyecto, este enfoque permitiría pensar en una planta piloto en torno a diez años, siempre que el respaldo institucional y financiero acompañe. El siguiente paso, conocido como hSMART, apunta a temperaturas superiores a los 100 millones de grados y a una producción energética capaz de abastecer a cientos de miles de hogares.

Reino Unido también quiere estar en el podio

Al otro lado del canal de la Mancha, el proyecto STEP Fusion sigue una hoja de ruta algo más conservadora, pero igualmente ambiciosa. Su objetivo es construir un reactor comercial operativo en torno a 2040, tras entrar en fase de construcción a comienzos de la próxima década.

El programa se apoya en la experiencia acumulada en el Joint European Torus (JET), donde se alcanzó el récord de 59 megajulios de energía de fusión sostenida. Para sus responsables, el reto ya no es demostrar que la fusión funciona, sino cómo escalarla, mantenerla y conectarla a la red eléctrica.

El atractivo imbatible de la fusión

Durante años la fusión nuclear siempre estuvo a 30 años de distancia. Ahora dos proyectos creen que puede ser una realidad en una década
© Rodrigo Meade.

El interés por acelerar esta carrera no es casual. La fusión promete una combinación difícil de igualar: enormes cantidades de energía a partir de cantidades mínimas de combustible, sin emisiones de carbono y con residuos mucho más manejables que los de la fisión nuclear.

Un solo gramo de deuterio y tritio puede liberar una cantidad de energía equivalente a cientos de miles de millones de julios. El problema histórico nunca fue la teoría, sino la ingeniería: alcanzar temperaturas extremas, contener el plasma y hacerlo de forma estable y rentable.

Una carrera sin perdedores claros

Pese al optimismo creciente, los propios investigadores reconocen que no existe un único camino ganador. Habrá distintos diseños, aplicaciones y soluciones técnicas. Pero algo ha cambiado: por primera vez, la fusión nuclear ya no se discute solo en términos de experimentos, sino de infraestructura real.

Quizás la fusión no llegue exactamente en diez años, ni sustituya de golpe a otras fuentes de energía. Pero que dos proyectos europeos hablen ya de plantas piloto con fechas concretas marca un punto de inflexión. La tecnología que siempre estuvo “a 30 años de distancia” empieza, por fin, a acercarse al presente.

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