El placer de escuchar

Todos pensábamos que ChatGPT competía con Google. Los datos dicen otra cosa muy distinta

Un reciente estudio del National Bureau of Economic Research, elaborado a partir de datos proporcionados por OpenAI, permite observar con detalle cómo se usa ChatGPT en la práctica. El análisis no evalúa la calidad de las respuestas, sino el tipo de tareas que los usuarios realizan cuando abren el chat. Y la conclusión principal es clara: la mayoría de los usos no se parecen a una búsqueda web clásica.

Entender y decidir pesa más que buscar

Según el estudio, en junio de 2025 el 73% de los mensajes enviados a ChatGPT no estaban relacionados con el trabajo, frente a un 27% de uso laboral. Pero lo más relevante aparece al clasificar las interacciones por tipo de actividad. Tres categorías concentran la mayor parte del uso.

La primera es la orientación práctica. Aquí entran las consultas para aclarar conceptos, entender una situación, evaluar opciones o tomar decisiones. No se busca una fuente externa concreta, sino una explicación adaptada al contexto del usuario.

Todos pensábamos que ChatGPT competía con Google. Los datos dicen otra cosa muy distinta
© Airam Dato-on – Pexels

La segunda categoría es la escritura. ChatGPT se usa de forma masiva para redactar textos, estructurar ideas, resumir documentos, preparar planes o transformar borradores en versiones más pulidas. Es producción directa, no exploración.

La tercera, y la más cercana al modelo tradicional, es la búsqueda de información factual. Aun así, representa una porción menor del total. En la mayoría de los casos, el valor no está en “llegar” a una web, sino en recibir una respuesta procesada y utilizable.

Google sigue siendo la puerta de entrada

Este patrón encaja con lo que señala el Nielsen Norman Group: los hábitos de búsqueda son extraordinariamente persistentes. Google sigue funcionando como la gran puerta de entrada al ecosistema web, más por diseño y costumbre que por falta de alternativas.

Muchos usuarios no lo usan para descubrir información nueva, sino como atajo para llegar a destinos conocidos. Escribir “YouTube” o “Instagram” en Google sigue siendo más habitual que teclear la URL directa. En ese sentido, el buscador actúa más como infraestructura que como competidor directo de los chatbots.

Mientras tanto, ChatGPT opera en otro plano. No organiza enlaces ni invita a comparar fuentes, sino que concentra el esfuerzo cognitivo en una sola respuesta. El trabajo se desplaza desde la navegación hacia la interpretación y la decisión.

Todos pensábamos que ChatGPT competía con Google. Los datos dicen otra cosa muy distinta
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No es una guerra, es un reparto de funciones

Los datos también desmontan otra narrativa habitual: que la IA ya está drenando tráfico de forma masiva a la web. Por ahora, las herramientas de IA apenas aportan alrededor del 1% del tráfico de referencia analizado. Google sigue siendo el principal canal de acceso a contenidos externos, incluso mientras integra resúmenes y modos de IA generativa.

Lo que está ocurriendo no es una sustitución inmediata, sino una fragmentación funcional. Buscadores y chatbots conviven porque resuelven problemas distintos. Google sigue siendo clave para explorar y validar información. ChatGPT se ha convertido en una herramienta para entender, decidir y producir.

Más que preguntar quién va a ganar, la pregunta relevante es otra: qué tipo de tareas delegamos en cada herramienta. Y, a la vista de los datos, ChatGPT no está compitiendo tanto con Google como con nuestros propios procesos mentales intermedios.

Fuente: Xataka.

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