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El nuevo robot militar chino replica a un soldado en milisegundos. Es la demostración más clara de su guerra ‘inteligente’… Aunque podría ser realmente un peligro

En la 12ª Semana Internacional de Cadetes del Ejército, celebrada en noviembre de 2025, China enseñó uno de esos prototipos que parecen pensados para que el mundo levante una ceja. Un robot humanoide, armado y operativo, que replica prácticamente en milisegundos cada gesto de su operador humano. Nada de joysticks ni consolas de control industrial: el soldado se enfunda un traje sensorial y la máquina se convierte en un espejo capaz de luchar, avanzar o cubrir posiciones casi con la misma fluidez que una persona.

El resultado visual es tan impactante como incómodo. No tanto por la mecánica —que recuerda a Acero puro— sino porque representa un giro claro en la ambición del Ejército Popular de Liberación (EPL): pasar de robots asistenciales a auténticos sustitutos en misiones de combate.

La demostración que dejó claro que China ya pisa la siguiente fase

El nuevo robot militar chino replica a un soldado en milisegundos. Es la demostración más clara de su guerra ‘inteligente’... aunque podría ser realmente un peligro
© E+.

La presentación ha reunido a delegaciones de trece países y puso sobre la mesa tecnologías que hasta hace nada parecían experimentales. Según Science and Technology Daily, un cadete marroquí que probó el sistema aseguró que, aunque estos robots aún no dominan la detección de largo alcance, la inteligencia artificial está empezando a cubrir esa brecha. Es decir: hoy imitan, mañana podrían interpretar. Y pasado mañana, decidir.

El robot no fue la única pieza del escaparate. China también mostró un modelo desminador con visión por IA capaz de detectar explosivos combinando cámaras y sensores de metal. Una función que, en un escenario real, evitaría exponer a soldados a una de las tareas más riesgosas del campo de batalla.

Pero nada llamó más la atención que el robot humanoide sincronizado. Cada gesto del operador —un giro de muñeca, un paso lateral, la postura de disparo— aparecía en la máquina con una latencia casi imperceptible. No es magia: es el refinamiento de años de ingeniería civil adaptada al terreno militar. China lleva tiempo liderando el desarrollo de robots bípedos capaces de mantener equilibrio, escalar, girar sobre su eje o coordinar extremidades con precisión quirúrgica. Ahora esa base tecnológica empieza a tener aplicaciones tácticas.

La ‘guerra inteligente’ del EPL: una estrategia que ya no es teoría

Para el EPL, estos robots no son curiosidades tecnológicas: son piezas de un proyecto mayor. Desde hace años hablan de una transición hacia una “guerra inteligente”, un escenario donde la IA, la automatización y la robótica forman parte activa del proceso operativo. No solo como herramientas, sino como extensiones del propio soldado.

“El desarrollo tecnológico no sólo forja una espada militar más disuasoria, sino que también sienta una base sólida para salvaguardar la paz”, dijo el instructor Xia Yunfeng durante la exhibición. Una frase que, traducida a lo práctico, significa que el país quiere sistemas capaces de entrar en túneles, limpiar edificios, evaluar amenazas o asumir misiones demasiado peligrosas para humanos.

Y aquí es donde aparece la parte inquietante del avance. Cuanto más capaces son estos robots —cuanto más rápido replican, interpretan o anticipan movimientos humanos— más difusa se vuelve la línea que separa el control directo de la autonomía parcial. Hoy actúan como marionetas de alta tecnología. ¿Y mañana?

Una promesa tecnológica… con un riesgo difícil de ignorar

El nuevo robot militar chino replica a un soldado en milisegundos. Es la demostración más clara de su guerra ‘inteligente’... aunque podría ser realmente un peligro
© Shutterstock – Pavel Chagochkin.

China insiste en que estos prototipos están en fase de demostración y que aún dependen totalmente del operador. Pero la historia reciente de la inteligencia artificial muestra un patrón claro: lo que comienza como imitación acaba en autonomía. La evolución técnica casi siempre ocurre antes que la evolución normativa.

Ese es el verdadero problema. No el robot en sí, sino lo fácil que sería adaptar este sistema a modelos donde el operador humano deja de ser imprescindible. Si ya replican movimientos en milisegundos, ¿qué impide que pronto aprendan patrones de combate, optimicen decisiones o respondan a estímulos sin supervisión constante?

Por ahora, lo presentado en la IACW no es un terminator ni un soldado robótico autónomo. Es un espejo avanzado de un humano. Un espejo que puede entrar en zonas contaminadas, neutralizar amenazas o despejar estructuras sin poner vidas humanas en riesgo. Pero también es la primera piedra de algo mayor, algo que todo ejército está intentando construir y que nadie parece listo para regular.

La pregunta, sin dudas, ya no es si estas máquinas llegarán al campo de batalla, sino cuánto tardarán en hacerlo sin necesidad de que un soldado esté detrás moviendo los hilos. Y, honestamente, eso podría ser el verdadero peligro.

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