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¿Estamos ante el futuro del transporte de larga distancia? Un tren capaz de rozar los 1.000 km/h promete viajes más rápidos que el avión

Viajar largas distancias siempre implicó una elección clara: o velocidad, o tierra firme. El avión ganó esa batalla hace décadas. Pero esa certeza empieza a resquebrajarse. En China, un nuevo sistema ferroviario experimental sugiere que el tren podría volver a competir —y quizá superar— al transporte aéreo, no dentro de siglos, sino en un futuro relativamente cercano.

El proyecto que quiere romper el límite psicológico de la velocidad

¿Estamos ante el futuro del transporte de larga distancia? Un tren capaz de rozar los 1.000 km/h promete viajes más rápidos que el avión
© X / @ChinaScience.

El sistema, conocido como T-Flight, es un tren de levitación magnética de ultra alta velocidad que opera dentro de un tubo de bajo vacío. La idea es simple en teoría y compleja en la práctica: eliminar casi por completo la fricción con el aire y el suelo para permitir velocidades cercanas a los 1.000 km/h.

Las pruebas más recientes se llevaron a cabo en la provincia china de Shanxi, donde ingenieros lograron una navegación estable y una detención segura en una pista experimental de dos kilómetros. El proyecto está impulsado por la Corporación de Industria y Ciencia Aeroespacial de China, una de las instituciones clave en el desarrollo tecnológico del país.

Más rápido que un avión comercial

Para poner la cifra en contexto: un avión comercial suele volar entre 800 y 950 km/h en crucero. El T-Flight no solo igualaría ese rango, sino que lo superaría, con una diferencia clave: sin despegues, sin aterrizajes prolongados y sin esperas en aeropuertos.

En trayectos de media y larga distancia, esto podría redefinir los tiempos de viaje puerta a puerta. En China, por ejemplo, un recorrido como Pekín–Shanghái, que hoy requiere entre 4,5 y 6,5 horas en tren de alta velocidad, podría reducirse a poco más de una hora con esta tecnología.

Cómo funciona realmente un tren maglev de ultra velocidad

A diferencia de los trenes convencionales, los sistemas maglev no ruedan sobre vías. Utilizan campos magnéticos para elevar el vehículo varios centímetros por encima de la guía, eliminando la fricción mecánica.

En el caso del T-Flight, el proceso es progresivo: el tren comienza desplazándose sobre ruedas auxiliares y, al superar los 150 km/h, la fuerza magnética lo eleva completamente. A partir de ahí, el límite ya no es la fricción, sino el aire. De ahí la necesidad del tubo de bajo vacío, una infraestructura tan ambiciosa como costosa.

China no parte de cero. El Shanghái alberga desde hace años uno de los trenes comerciales más rápidos del mundo, el maglev que conecta el aeropuerto con la ciudad y alcanza velocidades operativas de hasta 460 km/h.

¿Y si esta tecnología llegara a Latinoamérica?

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© X / AecioEscalante.

Aquí es donde el debate se vuelve fascinante. En términos teóricos, un sistema de este tipo permitiría unir grandes ciudades en tiempos impensados hoy. Un trayecto entre Buenos Aires y el sur de Brasil, por ejemplo, podría realizarse en alrededor de una hora.

Pero la pregunta no es solo técnica, sino económica y política. La construcción de tubos de vacío a gran escala exige inversiones gigantescas, estabilidad institucional y planificación a largo plazo, tres factores que históricamente han sido un desafío en la región.

El verdadero dilema: ¿sustituto del avión o complemento?

Más allá del entusiasmo, el T-Flight no está listo para desplazar al avión mañana. Las pruebas actuales son experimentales y quedan por resolver cuestiones clave: costos, mantenimiento, seguridad a gran escala y viabilidad comercial.

Aun así, el mensaje es claro. El monopolio del avión en los viajes rápidos ya no es incuestionable. Si esta tecnología madura, el transporte terrestre podría entrar en una nueva era, más eficiente, más directa y —potencialmente— más sostenible.

La gran incógnita ya no es si un tren puede ser más rápido que un avión. La pregunta es cuándo estaremos preparados para usarlo.

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