La escena parece que la han sacado de un experimento extraño, pero responde a un problema muy real. Las pitones birmanas llevan décadas expandiéndose por los Everglades y han alterado el equilibrio ecológico hasta niveles críticos. Ante la falta de depredadores naturales y la dificultad de localizarlas en un entorno tan denso, Florida ha decidido probar una estrategia poco convencional.
Un depredador silencioso y difícil de rastrear

La pitón birmana llegó a Florida en los años noventa, probablemente a través del comercio de mascotas exóticas. Desde entonces, su población ha crecido sin control. Son serpientes capaces de superar los 5 metros de longitud, expertas en camuflaje y activas principalmente de noche. Detectarlas a simple vista en un pantano es, en muchos casos, cuestión de suerte.
El impacto ha sido devastador. Estudios del United States Geological Survey muestran que poblaciones de mamíferos como mapaches, zorrillos y zorros se han reducido hasta un 1 % o 2 % de sus niveles históricos en algunas zonas. La cadena trófica completa se ha visto alterada.
Por qué un conejo (y por qué robot)
La idea detrás de éstos conejos robot es sencilla en concepto, pero compleja en ejecución. Las pitones localizan a sus presas combinando movimiento, calor y olor. Los dispositivos imitan esos tres estímulos: se desplazan de forma intermitente, emiten señales térmicas y liberan aromas sintéticos que simulan un animal vivo.
Cada unidad incorpora una cámara con inteligencia artificial entrenada para reconocer la silueta y los patrones de una pitón. Cuando el sistema detecta una posible serpiente, envía una alerta automática al South Florida Water Management District, que coordina la intervención de personal especializado.
No se trata de que el robot capture a la serpiente, sino de delatar su posición en un entorno donde encontrarla suele ser el mayor obstáculo.
Entre la innovación y la incertidumbre

Las propias autoridades reconocen que el sistema aún está en fase experimental. No existe garantía de que los conejos robot funcionen igual de bien frente a pitones adultas capaces de tragarse un venado entero. También asumen que algunas unidades podrían perderse, dañadas o directamente devoradas por los reptiles.
Aun así, el coste de los dispositivos es bajo en comparación con los métodos tradicionales de rastreo intensivo. Y, sobre todo, permiten una vigilancia constante en zonas donde la presencia humana es limitada o peligrosa.
El contexto: cazar no basta

Florida lleva años intentando controlar esta invasión con métodos directos. El Desafío de la Pitón, una competición anual de 10 días, premia a los participantes que capturan más ejemplares. El último ganador eliminó 20 serpientes y recibió 10.000 dólares. Desde el año 2000, se han retirado más de 19.000 pitones del estado.
El problema es que esas cifras no alcanzan para revertir la tendencia. La reproducción es rápida, la detección es difícil y no existe un censo fiable de la población total. Por eso la especie quedó excluida de la protección de fauna silvestre en Florida, permitiendo su eliminación durante todo el año.
Tecnología rara para un problema incómodo
Los conejos robot no son una solución definitiva. Son, más bien, un síntoma de hasta qué punto el problema ha superado las herramientas clásicas de gestión ambiental. Cuando un ecosistema entero se ve amenazado, incluso la robótica experimental empieza a parecer razonable.
El experimento también deja una pregunta incómoda flotando en el aire: si hacen falta robots con inteligencia artificial para localizar serpientes invasoras, ¿cuántos años llegamos tarde?
Por ahora, los conejos solares seguirán moviéndose en silencio entre la vegetación. No para sobrevivir, sino para engañar a un depredador que nunca debió estar allí. Y para recordarnos que, en los Everglades, la tecnología se ha convertido en una herramienta más de conservación, aunque adopte formas tan extrañas como la de un conejo que no existe.