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Meta empieza a soltar el metaverso y gira hacia las gafas inteligentes. El cambio de rumbo que confirma que la gran promesa se desinfló

Durante un tiempo, el metaverso fue el futuro. No uno posible: el futuro. Conferencias, presentaciones, avatares sin piernas y promesas de mundos persistentes. Hoy, sin grandes anuncios ni funerales públicos, Meta empieza a recoger cable. Despide, recorta, reubica equipos y pone el foco en algo mucho más tangible: gafas inteligentes e inteligencia artificial.

No es una declaración de derrota. Es algo más frío. Es estrategia.

Reality Labs deja de ser intocable

Según Bloomberg, Meta despedirá a alrededor de 1.000 empleados de Reality Labs, cerca del 10 % de la división. La compañía lo ha confirmado con un lenguaje cuidadosamente neutro: traslado de inversión, optimización, foco en wearables. En la práctica, significa que la unidad creada para construir el metaverso pierde peso político y presupuesto.

Reality Labs no es un proyecto fallido. Es un proyecto caro. Muy caro.

La división acumula más de 70.000 millones de dólares en pérdidas desde su creación. Una cifra que, durante años, se justificó como inversión a largo plazo. Como apuesta por la próxima plataforma. Como el precio de llegar primero.

El problema es que el mundo no llegó detrás.

La realidad virtual no prendió como se esperaba

Las Meta Quest se vendieron. Los desarrolladores experimentaron. Hubo demos, juegos, fitness, reuniones virtuales. Pero nunca ocurrió lo que se prometía en los escenarios: adopción masiva.

La realidad virtual siguió siendo algo que se prueba. No algo que se integra. Un dispositivo ocasional, no una extensión natural del día a día. Y para una empresa que vive de escala, eso es un problema estructural.

Meta no puede permitirse un “nicho premium”. Necesita plataformas que se usen millones de veces al día. Y ahí es donde entran las gafas.

Las Ray-Ban Meta pasan al frente

Mientras el metaverso se enfriaba, las Ray-Ban Meta hacían algo mucho más interesante: se colaban en la vida real sin pedir permiso. Fotos, vídeo, música, llamadas, IA integrada. No son futuristas. Son discretas. Y eso importa.

La demanda ha sido lo bastante fuerte como para que Meta haya frenado el lanzamiento global de algunos modelos para cubrir pedidos en Estados Unidos. Según reportes, la compañía quiere duplicar la producción y apunta a 20 millones de unidades este año, con capacidad para llegar a 30 millones si el mercado responde.

No es hype. Es logística.

Y para sostener eso, Meta ya está en conversaciones con EssilorLuxottica para ampliar capacidad. Cuando una empresa mueve cadena de suministro, es porque va en serio.

Zuckerberg cambia de narrativa sin pedir permiso

Andrew Bosworth, CTO de Meta, fue claro en un correo interno: “Estamos trasladando equipos y recursos casi exclusivamente a lo móvil para acelerar la adopción allí”.

Traducción: la fiesta del metaverso se acabó. Ahora toca producto que se venda. No hay comunicado dramático. No hay “adiós metaverso”. Hay algo más empresarial y más definitivo: reorganización.

En las grandes tecnológicas, cuando una visión deja de mencionarse en cada keynote, es que ha perdido su trono.

La IA ocupa el espacio que dejó el hype

El otro gran beneficiado de este giro es la inteligencia artificial. Meta quiere que sus gafas no solo vean, sino que entiendan. Que describan el entorno, traduzcan, recuerden, sugieran. Que sean interfaz, no accesorio.

Aquí hay un patrón claro:

  • VR: inmersiva, costosa, aislante.
  • Gafas + IA: integradas, sociales, persistentes.

Meta no está eligiendo la tecnología más espectacular. Está eligiendo la que se puede meter en un bolsillo… o en la cara.

El metaverso no muere, pero deja de mandar

Meta empieza a soltar el metaverso y gira hacia las gafas inteligentes. El cambio de rumbo que confirma que la gran promesa se desinfló
© Twisted Pixel / Marvel.

Conviene ser precisos: Meta no está cerrando Reality Labs. Las Quest siguen. Los proyectos de realidad mixta continúan. Pero pasan a ser una línea más, no el eje del universo.

Y en una empresa como Meta, eso es una degradación real. El metaverso fue durante años la excusa para todo. Para gastos, para compras, para reorganizaciones internas. Hoy, es una carpeta más en el organigrama. Eso, en Silicon Valley, es una sentencia elegante.

El mercado entiende el mensaje

Los inversores llevan tiempo premiando el giro hacia la eficiencia y la IA. Cada vez que Meta recorta “sueños caros” y apuesta por “productos vendibles”, la acción respira.

No es romanticismo. Es contabilidad. El metaverso vendía titulares. Las gafas venden unidades.

Por qué esto es más importante de lo que parece

Porque marca algo más que un cambio de producto. Marca un cambio de fe.

Meta ya no cree que la próxima plataforma sea un mundo virtual. Cree que será una capa digital sobre el mundo real. Y eso dice mucho de cómo ha leído el comportamiento de la gente tras la pandemia.

Queríamos escapar. Ahora queremos aumentar.

El metaverso como idea, no como negocio

Quizá el metaverso no estaba equivocado. Quizá estaba adelantado. O mal empaquetado. O mal explicado. Pero lo cierto es que, a día de hoy, no paga las facturas.

Y Meta es muchas cosas, pero no es sentimental.

El futuro ya no es un avatar sin piernas

Durante años nos vendieron un mañana con salas virtuales, reuniones en 3D y conciertos con cascos. Hoy el futuro se parece más a unas gafas discretas que te susurran información mientras caminas.

Menos ciencia ficción. Más utilidad.

Lo que queda es el mensaje

Meta no ha anunciado “el fin del metaverso”. No le hace falta. Lo está diciendo con recortes, con inversiones, con fábricas y con correos internos. Y eso, en una empresa de este tamaño, es más honesto que cualquier keynote.

El metaverso no está muerto. Pero ya no manda.

Y cuando el futuro deja de ser prioridad, empieza a ser pasado.

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