En la nueva carrera espacial, ya no basta con lanzar cohetes. Hay que traerlos de vuelta. Y China acaba de dejar claro que no piensa mirar desde la grada cómo SpaceX se lleva todo el protagonismo. La empresa Space Epoch ha puesto en marcha en Hangzhou la primera base marítima del país dedicada a la recuperación, mantenimiento y producción de cohetes reutilizables.
La inversión impresiona: 5.200 millones de yuanes, unos 639 millones de euros. La ambición, todavía más.
La instalación se encuentra en el este de China y está diseñada específicamente para operar en alta mar. No es un simple muelle ni una plataforma experimental. Es una infraestructura pensada para sostener toda una cadena industrial alrededor de la reutilización de cohetes.
El océano como pista de aterrizaje

El concepto no es nuevo en Occidente. SpaceX lleva años perfeccionando sus aterrizajes sobre barcazas autónomas en el Atlántico y el Pacífico. Lo nuevo es que China acaba de entrar de lleno en ese terreno con una base propia y permanente.
Esta instalación permitirá recuperar cohetes tras el lanzamiento, trasladarlos para su mantenimiento y prepararlos para nuevos vuelos. El objetivo es claro: reducir costes, aumentar la cadencia de misiones y ganar autonomía tecnológica.
EPOCH estima que la base tendrá capacidad para desarrollar hasta 25 cohetes al año en el futuro. No se trata de pruebas simbólicas. Es una apuesta industrial a gran escala.
Qian Tang Hao, el músculo del proyecto

Entre los modelos que se desarrollarán destaca el XZY-1, conocido como Qian Tang Hao. Las cifras dan vértigo: 4,2 metros de diámetro, 66 metros de altura y un peso cercano a las 600 toneladas. Es un cohete pensado para jugar en las grandes ligas, no para demostraciones de laboratorio.
Este lanzador será una de las piezas clave del programa reutilizable chino. Su tamaño y capacidad lo colocan en una categoría comparable a los grandes cohetes occidentales. Y ahora tendrá una base diseñada específicamente para recuperarlo del mar y devolverlo al servicio.
Aquí es donde el movimiento se vuelve estratégico. China no solo quiere lanzar. Quiere repetir. Y rápido.
Un mensaje directo a SpaceX

Elon Musk convirtió la reutilización en el estándar de facto de la industria espacial. Antes de SpaceX, recuperar un cohete era casi ciencia ficción. Hoy es rutina. China acaba de demostrar que no solo ha entendido la lección, sino que está dispuesta a replicarla con sus propios medios.
Esta base marítima no es un gesto simbólico. Es una declaración de intenciones. Pekín quiere competir en el mismo terreno que SpaceX, con infraestructuras propias y sin depender de soluciones improvisadas.
La carrera espacial ya no se libra solo en el espacio. Se libra en astilleros, plataformas, cadenas logísticas y centros de mantenimiento. Y en ese tablero, cada base cuenta.
La nueva fase de la carrera espacial
El movimiento de Space Epoch encaja en una estrategia más amplia: convertir a China en una potencia espacial completa, capaz de lanzar, recuperar, reutilizar y producir en serie. La diferencia con etapas anteriores es la velocidad. Todo está ocurriendo muy rápido.
Mientras Europa debate y Estados Unidos consolida, China construye.
La base de Hangzhou es solo una pieza, pero es una pieza clave. Porque quien domine la reutilización domina el coste. Y quien domina el coste, domina el acceso al espacio.
El golpe estelar no va dirigido solo a Elon Musk. Va dirigido a toda la industria. Y el mensaje es sencillo: China ya no quiere ser espectadora. Quiere ser protagonista.