Durante años, la seguridad doméstica se apoyó en una lógica clara: vigilar espacios para anticipar amenazas. Cámaras, sensores de movimiento y alarmas conectadas pasaron a ser sinónimo de protección. Pero en China, una nueva tendencia tecnológica está cuestionando esa idea desde un ángulo inesperado: ¿y si el verdadero problema no es lo que ocurre en casa, sino que nadie note cuando algo te pasa?
En ese contexto, una aplicación extremadamente simple empezó a ganar terreno entre quienes viven solos. Su función no es observar, sino comprobar algo mucho más básico: que la persona sigue bien.
Una idea mínima para un problema cada vez más común

El auge de esta aplicación no se entiende sin el cambio social que atraviesa China. El número de hogares unipersonales no deja de crecer y las proyecciones apuntan a que podría superar los 200 millones hacia 2030. Jóvenes profesionales, estudiantes y adultos mayores comparten una misma inquietud silenciosa: ¿qué pasa si sufro una emergencia y nadie se entera?
Frente a esa preocupación, la app propone una solución directa y sin rodeos. El usuario configura uno o varios contactos de emergencia y, cada uno o dos días, debe tocar un botón para confirmar que todo está en orden. No hay cuestionarios, no hay seguimiento constante ni recopilación de datos sensibles.
Si esa confirmación no llega dentro del plazo establecido, el sistema envía automáticamente una alerta al contacto designado. No afirma que ocurrió algo grave, pero sí advierte que podría haber un problema y que conviene comprobarlo.
No vigila espacios, vigila estados
A diferencia de las alarmas o las cámaras de seguridad, esta aplicación no observa lo que ocurre dentro de una vivienda. No registra movimientos ni almacena imágenes. Su enfoque es radicalmente distinto: no se preocupa por el entorno, sino por la persona.
Esa diferencia explica buena parte de su éxito. Para muchos usuarios, el valor no está en prevenir robos, sino en evitar pasar desapercibidos ante una caída, un problema de salud o cualquier situación inesperada. La app funciona como una verificación humana básica, casi como un “¿todo bien?” automatizado.
Este modelo resulta especialmente atractivo para quienes rechazan sistemas invasivos o costosos. No requiere instalación, no depende de sensores físicos y no impone suscripciones mensuales. Todo se reduce a un gesto simple y periódico.
De nombre polémico a fenómeno internacional

La aplicación se hizo conocida inicialmente por su nombre original, que generó debate y atención en redes: “¿Estás muerto?”. Con el tiempo, sus desarrolladores decidieron relanzarla bajo el nombre Demumu, con la intención de facilitar su expansión fuera de China.
Tras un lanzamiento gratuito, pasó a ofrecerse mediante un pago único muy bajo, lo que aceleró su adopción y la colocó entre las aplicaciones pagas más descargadas en varios mercados. Su éxito también se vio impulsado por usuarios chinos que viven en el exterior y encontraron en la app una forma sencilla de mantener un vínculo de seguridad con familiares o amigos.
La empresa detrás del proyecto ya evalúa nuevas versiones orientadas a distintos públicos, incluidos adultos mayores, en un país donde el envejecimiento de la población plantea desafíos adicionales en términos de cuidado y acompañamiento.
Una señal de cómo está cambiando la idea de seguridad
Más allá de la aplicación en sí, el fenómeno revela algo más profundo: la noción de seguridad está cambiando. Para una parte creciente de la población, sentirse seguro ya no significa estar rodeado de cámaras, sino saber que alguien será avisado si algo va mal.
En un mundo cada vez más individualizado y digital, soluciones como Demumu muestran que, a veces, la tecnología más efectiva no es la más compleja, sino la que entiende una necesidad humana básica y la resuelve sin ruido. No reemplaza a todos los sistemas de seguridad, pero para muchos ya cumple una función clave: asegurar que, si dejan de responder, alguien lo sabrá.
[Fuente: El Cronista]