El placer de escuchar

Las sanciones de Estados Unidos no han frenado a los chips chinos. Han saturado sus fábricas y ahora obligan a elegir entre IA o móviles

Las sanciones de Estados Unidos pretendían frenar el avance tecnológico de China en semiconductores. Lo que muestran ahora los números de SMIC es algo bastante distinto: las fábricas no están paradas ni vacías, están tan llenas de pedidos que la empresa opera prácticamente al límite de lo que puede producir. La paradoja es incómoda para la estrategia occidental: el bloqueo no ha detenido la maquinaria, la ha obligado a girar hacia dentro y a trabajar a plena potencia.

Fábricas al 93,5%: cuando el bloqueo llena las líneas de producción

El dato más revelador del último informe de SMIC no es solo el crecimiento de beneficios, sino la tasa de utilización de sus plantas, que roza el 94%. En la industria de semiconductores, ese porcentaje equivale a decir que apenas queda margen físico para aceptar nuevos pedidos. Lejos de perder clientes globales por los vetos, la demanda interna —impulsada por el Estado y por empresas chinas que buscan autosuficiencia— ha saturado las líneas de producción.

Este fenómeno confirma una advertencia que ya había deslizado el CEO de Intel: el bloqueo comercial está empujando a China a desarrollar capacidades propias que antes externalizaba. La consecuencia es un ecosistema más cerrado, menos dependiente de proveedores occidentales, pero también sometido a tensiones internas por la asignación de recursos.

IA contra móviles: la nueva batalla dentro de la fábrica

Las sanciones de Estados Unidos no han frenado a los chips chinos. Han saturado sus fábricas y ahora obligan a elegir entre IA o móviles
© Unsplash / Rūdolfs Klintsons.

La fiebre por la inteligencia artificial está absorbiendo buena parte de esa capacidad productiva. Los co-CEOs de SMIC han reconocido que los pedidos de chips para IA están desplazando a los de electrónica de consumo, especialmente a los procesadores para móviles. En un contexto de capacidad finita de obleas, priorizar hardware estratégico significa reconfigurar líneas que antes producían chips baratos para smartphones.

Ese giro ya tiene efectos tangibles: subidas de precios en torno al 10% y cuellos de botella para marcas que intentan escalar su oferta de dispositivos. Huawei, que busca expandir su ecosistema de móviles y PCs con procesadores propios, se encuentra ahora con la necesidad de repartir una capacidad de fabricación cada vez más disputada por proyectos de IA considerados prioritarios a nivel nacional.

Fabricar sin EUV: ingeniería al límite y subsidios como colchón

Lo más llamativo es cómo se mantiene este ritmo sin acceso a las herramientas punteras de la industria. Sin las máquinas EUV de ASML, SMIC ha recurrido a técnicas de litografía más antiguas (DUV) combinadas con procesos de multipatronado para fabricar nodos avanzados. Es un método más caro, más lento y con menor rendimiento, pero suficiente para romper barreras simbólicas como la de los 7 nm en chips como los Kirin.

Este esfuerzo no sería viable sin un blindaje financiero considerable. Los subsidios estatales actúan como colchón frente a los sobrecostes y las ineficiencias. En paralelo, China está probando maquinaria de litografía doméstica con la vista puesta en reducir su dependencia tecnológica a largo plazo, aunque el camino para igualar a los líderes mundiales sigue siendo largo.

Un ecosistema que se cierra sobre sí mismo

Las sanciones de Estados Unidos no han frenado a los chips chinos. Han saturado sus fábricas y ahora obligan a elegir entre IA o móviles
© Unsplash / Maxence Pira.

La presión internacional no ha disminuido. Taiwán ha incluido a SMIC y Huawei en listas de control que restringen el acceso a herramientas críticas, lo que ha reforzado la estrategia china de verticalizar su cadena de suministro. Huawei ya no se limita a diseñar SoC: a través de HiSilicon y otras filiales, busca controlar también componentes clave del ecosistema de dispositivos.

El resultado es un “sistema paralelo” de semiconductores: menos competitivo en términos de tecnología punta, pero cada vez más robusto desde el punto de vista financiero y estratégico. No es la autosuficiencia total que Pekín se marcó como objetivo, pero sí una base industrial capaz de sostener el desarrollo de sectores prioritarios como la IA.

La paradoja del bloqueo

El caso de SMIC ilustra un efecto no previsto de las sanciones: al cortar el acceso a tecnologías avanzadas, se ha incentivado la construcción de una industria doméstica que, aunque imperfecta, ya opera a pleno rendimiento. La IA se ha convertido en el motor que llena las fábricas que el bloqueo pretendía vaciar. El dilema ahora no es si China puede producir chips, sino cómo repartirá una capacidad que se ha vuelto demasiado valiosa para cubrir todas las ambiciones a la vez.

Actualizáte