El hidrógeno verde se perfila como uno de los pilares de la movilidad y la industria del futuro. A diferencia de otros combustibles, se produce mediante energías renovables como la solar o la eólica y genera cero emisiones durante su uso. Su versatilidad es enorme: puede alimentar pilas de combustible para motores eléctricos, servir de base para amoníaco verde o combustibles sintéticos, e incluso sustituir a la gasolina y al diésel en motores adaptados.
España parecía tener todos los ingredientes para liderar esta transformación: abundante sol y viento, infraestructuras eléctricas modernas, empresas con experiencia en renovables y un marco político favorable. Sin embargo, el tablero energético internacional se ha movido, y ahora Marruecos irrumpe con fuerza en la carrera por el hidrógeno verde.
El proyecto Chbika: un plan ambicioso en Marruecos

Ubicado en la región costera de Guelmim-Oued Noun, el proyecto Chbika es la gran apuesta marroquí para posicionarse como socio energético estratégico de Europa. Su primera fase contempla 1 GW de capacidad solar y eólica que alimentará electrolizadores capaces de generar 200.000 toneladas de amoníaco verde al año, utilizando agua de mar previamente desalinizada.
Detrás de la iniciativa está la alianza internacional TE H2, integrada por TotalEnergies, EREN Groupe, Copenhagen Infrastructure Partners y A.P. Møller Capital. La magnitud del plan refleja la ambición marroquí: alcanzar los 10 GW de capacidad renovable en 2030 y producir hasta un millón de toneladas de hidrógeno al año. De cumplirse, Marruecos podría cubrir el 5% de la demanda europea y superar en un 30% la producción proyectada por España hacia 2050.
La inversión total prevista supera los 30.000 millones de euros y el gobierno marroquí ha asignado cerca de un millón de hectáreas para proyectos de este tipo, de las cuales 300.000 ya han sido adjudicadas. El país se propone elevar al 52% la participación de energías limpias en su matriz energética para finales de la década.
Europa, el mercado en disputa

El mercado europeo es el gran objetivo tanto de Marruecos como de España. Las necesidades energéticas del continente, su ambición climática y el impulso al Pacto Verde Europeo convierten al hidrógeno en una pieza estratégica para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Marruecos cuenta con ventajas evidentes: abundantes recursos naturales, menores costes laborales y un acceso geográfico privilegiado hacia Europa. Además, cuenta con el respaldo de socios clave como Francia, cuyo presidente Emmanuel Macron ha sellado recientemente 22 acuerdos bilaterales con Rabat, incluyendo proyectos energéticos. Este apoyo refuerza la posición marroquí en el tablero energético europeo y despierta recelos en Madrid.
Mientras tanto, España afronta retrasos en proyectos esenciales como el corredor H2Med o la expansión de la eólica marina, lo que puede dar ventaja a su vecino del sur en el corto y medio plazo. Si los costes de producción marroquíes resultan más competitivos, las grandes potencias industriales europeas podrían inclinarse por importar desde allí, relegando a España a un papel secundario.
El reto español: acelerar o perder el tren
España todavía conserva bazas importantes: un ecosistema industrial consolidado, experiencia en energías renovables y acceso directo a fondos europeos para la transición energética. Pero necesita rapidez y ambición. Los expertos señalan que sin una apuesta decidida por la I+D+i, la eliminación de trabas burocráticas y la construcción de infraestructuras estratégicas, el país corre el riesgo de quedarse rezagado.
El desafío de Marruecos no solo es un aviso, sino también una oportunidad. La creciente competencia puede impulsar a España a acelerar su hoja de ruta y reforzar alianzas con otros países europeos para garantizar su posición como actor de referencia en la futura economía del hidrógeno.
[Fuente: Híbridos y Eléctricos]