Había clima de acontecimiento desde temprano. Los primeros micros empezaron a llegar al microestadio de la UTN en Pacheco cuando todavía caía el sol y los alrededores se llenaba de autos que venían de toda la provincia. “El Jolgorio del Año” tenía su ceremonia central y la misa la daba Malandro, uno de los pioneros del rap argentino. Afuera, la previa con aires ricoteros encendió el ambiente: parlantes al mango, parrillas, fuegos artificiales, banderas, bengalas y cánticos de cancha que bajaban a la calle como un eco anticipado de lo que vendría adentro.
A la hora señalada, el microestadio ya estaba colmado y todavía quedaba mucha gente haciendo fila afuera. Calor humano, expectativa y ovación cerrada cuando Malandro apareció en escena para abrir una noche que terminaría siendo histórica: casi cuatro horas de show, cerca de 50 canciones y un desfile de invitados que confirmó que el rap argentino sabe escribir sus noches épicas en la historia de la música nacional.
Malandro y Duki
Malandro y Duki
La lista fue un repaso total por su repertorio, la obra de un artista que empezó rimando en plazas cuando el género todavía buscaba su propia identidad y que, tras años de sudor y esfuerzo, acumula millones de reproducciones en las distintas plataformas.
Malandro apeló a sus clásicos: los que cuentan su historia, la de su barrio y la de una generación que aprendió a sobrevivir entre crisis, laburo escaso, códigos propios y noches eternas. Desde aquellos primeros discos independientes, grabados con más convicción que recursos, hasta sus últimas producciones, aparecieron sus temas inevitables: la vida en la calle, el orgullo de clase, el amor de barrio sin maquillaje, la nocturnidad como refugio y como peligro, la lealtad como valor central y la reivindicación de la autenticidad frente al artificio.
Ahí apareció el artista en estado puro: lírica filosa, memoria barrial y un dominio absoluto del escenario que confirmó su consagración definitiva.
Malandro
Uno de los momentos más emocionantes de la noche llegó cuando, desde las pantallas, se proyectó el mensaje del Indio Solari dirigido especialmente a Malandro. El público quedó en silencio y luego estalló cuando escuchó su voz: “Malandro, te mando un gran abrazo, te quiero aún sin conocerte y respeto también lo que vos hacés, una evolución de muchas cosas”, comenzó el líder ricotero.
“Tenés el público cautivo, eso es por algo es. El público no se equivoca. Las revistas se equivocan, los canales de televisión se equivocan, pero el público no se equivoca. Mucha mierda y al frente”, continuó el Indio en una bendición directa, sin mediaciones, que terminó de sellar el carácter histórico de la noche.
El show siguió sumando picos memorables. Wos improvisó en “Así – Con carpusa y de cayetano” y levantó la temperatura del público con un ida y vuelta eléctrico. Duki aportó su magnetismo en “No confundan” y Acru dejó su marca en “Estamos en esa”. Gaspar Benegas, guitarrista de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, sumó su arte y virtuosismo. También se subieron Valentina Cooke, el Indio Javi, Mir Nicolás, Juani de los Santos de Madera, Hello Lola, Mundialistas Crew y una larga lista de colaboradores que completaron la ceremonia.
A la salida, entre abrazos y gargantas rotas, se repetía una frase que sintetiza la noche: “Histórico.” Y lo fue. Porque Malandro no solo dio su mejor show: firmó su lugar en la cultura popular, con estadio lleno, invitados decisivos y la bendición del Indio Solari, la más sagrada de todas.
Malandro y Acru
Malandro y Acru


