Elegimos videojuegos para los más pequeños pensando en colores, creatividad y mundos inocentes. Pero pocas veces miramos lo que realmente importa: con quién pueden hablar mientras juegan. Los chats integrados en Roblox, Fortnite o Minecraft permiten conversaciones libres, muchas veces sin control, donde cualquier adulto puede contactar con un menor. Ese canal directo, aparentemente inofensivo, se ha convertido en una de las principales puertas de entrada al grooming digital.
Un riesgo que pasa desapercibido para las familias
Muchos videojuegos online permiten por defecto que cualquier usuario envíe mensajes públicos o privados. Para los menores, la sensación de “solo estoy jugando” reduce su percepción del peligro, pero los chats facilitan que adultos desconocidos establezcan contacto sin levantar sospechas.
El grooming —el proceso en el que un adulto manipula a un menor para fines sexuales— encuentra aquí un escenario ideal. A diferencia de otros delitos digitales más directos, el grooming es progresivo: comienza con conversaciones inocentes, evoluciona hacia la confianza y, en nueve de cada diez casos, según Save the Children, deriva en una propuesta de encuentro físico.
En España, esta organización analizó casi 400 sentencias y detectó que las víctimas suelen ser niñas de unos 13 años, mientras que los agresores son varones jóvenes que actúan sin antecedentes. El patrón se repite en Europa: entre un 19 % y un 23 % de adolescentes han recibido solicitudes sexuales de adultos en internet.

Roblox, Fortnite y el espejismo de la seguridad
Las plataformas más populares entre menores —Roblox, Minecraft, Fortnite o Among Us— integran chats abiertos por defecto. Este diseño pensado para socializar incrementa la exposición a riesgos, especialmente cuando no existe supervisión adulta.
La Asociación Española de Pediatría ha emitido alertas específicas sobre Roblox, vinculando su chat a casos de autolesión, acceso a material sexual, ansiedad o cambios de conducta. El atractivo, la inmediatez y la sensación de anonimato aumentan la vulnerabilidad de los menores.
Cómo prevenir el riesgo en casa
La primera barrera siempre es la información. Conocer los juegos que usan los niños es esencial para entender cómo se comunican en ellos. Configurar controles parentales, restringir conversaciones privadas y supervisar partidas resulta fundamental para detectar señales de alarma.

La comunicación en casa también es clave. Fomentar que los menores cuenten situaciones incómodas, explicarles la importancia de no compartir datos personales y enseñarles a reconocer comportamientos sospechosos refuerza su seguridad digital.
El juego puede ser seguro, pero no sin vigilancia
Los videojuegos online pueden ser espacios enriquecedores, pero los chats integrados son una puerta abierta a cualquier persona del mundo. Depende de los adultos mantener ese canal bajo control. Proteger a los menores no significa prohibir, sino acompañar, supervisar y educar para que jugar siga siendo lo que debe ser: un disfrute sin peligro.
Fuente: TheConversation.