El placer de escuchar

El lugar más solitario del planeta será la tumba de la Estación Espacial Internacional. El Punto Nemo se prepara para recibir los restos del laboratorio más caro de la historia

A más de 2.600 kilómetros de cualquier costa, existe un punto donde los satélites van a morir. Allí, en medio del Pacífico, la Estación Espacial Internacional descenderá en 2030 tras 30 años de servicio. La humanidad la observa desde la superficie mientras su brillo se apaga, rumbo al lugar donde nadie puede verla caer.

Un cementerio invisible bajo el océano

La Estación Espacial Internacional caerá en el Punto Nemo: el lugar más solitario del planeta donde mueren las naves espaciales
© Unsplash – NASA.

El Punto Nemo no es una isla, ni una base secreta. Es un punto matemático en medio del océano Pacífico, a 48°52.6’ de latitud sur y 123°23.6’ de longitud oeste, a casi 2.700 kilómetros del pedazo de tierra más cercano. Tan remoto que los astronautas a bordo de la EEI están, en ocasiones, más cerca de los humanos del espacio que de los de la Tierra.

Allí, donde el océano es tan vasto que la vida apenas sobrevive, caerá la Estación Espacial Internacional (EEI), una estructura de más de 450 toneladas que desde 1998 ha servido como laboratorio orbital y símbolo de cooperación global. Cuando llegue el final de su vida útil —previsto para 2030—, la NASA y las demás agencias espaciales que la mantienen en órbita guiarán sus restos hasta este “cementerio espacial”, donde descansan ya más de 260 naves y satélites que fueron desintegrados en su reentrada.

No habrá ceremonia, ni testigos. Solo fuego, vapor y silencio.

La despedida de una era orbital

La Estación Espacial Internacional caerá en el Punto Nemo: el lugar más solitario del planeta donde mueren las naves espaciales
© NASA/NOAA.

Durante un cuarto de siglo, la Estación Espacial Internacional fue un laboratorio único. Allí se cultivaron tejidos humanos, se probaron nuevos materiales y se observó cómo envejece el cuerpo fuera de la gravedad. La vida diaria de sus tripulantes —entre cables, paneles solares y ventanales que miran a la Tierra— se convirtió en uno de los experimentos más prolongados y costosos de la historia científica.

Pero su estructura envejece. Las microfisuras en el casco, los sistemas eléctricos desgastados y los costos de mantenimiento hicieron inevitable su final. En 2023, la NASA confirmó que SpaceX se encargará del último viaje: un contrato de 843 millones de dólares para desarrollar un vehículo capaz de acoplarse a la estación y dirigir su descenso hacia el Pacífico.

La cápsula —una versión modificada de la Dragon— reducirá gradualmente la órbita hasta provocar una reentrada controlada. La fricción con la atmósfera generará temperaturas superiores a los 1.600 °C: suficiente para pulverizar la mayor parte de la estructura. Los fragmentos más resistentes caerán al Punto Nemo, hundiéndose en el océano, donde reposarán a más de 4.000 metros de profundidad.

Un mapa del olvido

La Estación Espacial Internacional caerá en el Punto Nemo: el lugar más solitario del planeta donde mueren las naves espaciales
© Unsplash – NASA.

El Punto Nemo, descubierto por el ingeniero croata Hrvoje Lukatela en 1992, es el sitio más inaccesible de la Tierra. Está tan lejos de cualquier costa que el lugar habitado más próximo se encuentra en la Isla Ducie, en la Polinesia, a 2.688 kilómetros. A veces, los únicos visitantes son las partículas de las naves que se desintegran al entrar en su cielo.

Allí también descansan los restos de Mir, la estación espacial soviética que se desintegró en 2001; módulos de carga Progress; fragmentos de satélites y partes de cohetes. Es un cementerio que no se ve, pero cuya existencia forma parte silenciosa de la historia espacial.

La NASA lo elige una vez más porque no hay riesgo para la vida humana: ningún barco transita habitualmente esas aguas, y ningún continente se asoma en miles de kilómetros a la redonda.

La Tierra que devora sus propias creaciones

La caída de la Estación Espacial Internacional marcará el cierre simbólico de la era de los laboratorios orbitales internacionales. Será también el inicio de una nueva etapa dominada por estaciones privadas, más pequeñas y modulares, diseñadas para operar en colaboración con empresas aeroespaciales.

Cuando la EEI comience su descenso, brillará en el cielo nocturno durante unos segundos, como una estrella fugaz más grande de lo normal. Luego desaparecerá, envuelta en fuego, dejando un resplandor que tardará minutos en apagarse. En algún punto del Pacífico, el océano se abrirá y la historia se hundirá en silencio.

El Punto Nemo —ese lugar donde el planeta se traga sus naves— volverá a guardar un secreto más.

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