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El MIT crea un transistor magnético que puede cambiar la informática para siempre

El silicio, base de la electrónica moderna, se acerca a sus límites físicos. Reducir más su tamaño implica perder eficiencia y aumentar el consumo energético. Para superar este cuello de botella, un equipo del MIT ha sustituido el silicio por un semiconductor magnético: el trisulfuro de cromo y bromo (CrSBr).

Este material bidimensional posee propiedades magnéticas únicas que permiten controlar el flujo eléctrico de forma más rápida y estable, con menor gasto de energía. Además, es sorprendentemente resistente al aire, lo que lo hace viable para futuras aplicaciones industriales.

De la espintrónica a la práctica real

Silicio
© Thorium

El avance se inscribe en el campo de la espintrónica, que aprovecha no solo la carga del electrón, sino también su “spin” o giro. Aunque la teoría existe desde hace años, no se había conseguido un dispositivo estable y funcional que combinara magnetismo y buen rendimiento electrónico.

En este transistor, el cambio entre los estados “encendido” y “apagado” ocurre gracias a la transición magnética del material, lograda eléctricamente y sin necesidad de campos externos. Esto representa un salto hacia la miniaturización masiva y el uso real en millones de transistores.

Interruptor y memoria en uno

El logro más destacado es su doble función: puede operar como interruptor lógico y como celda de memoria al mismo tiempo. En la práctica, esto significa que los dispositivos podrían procesar y almacenar información sin tener que mover datos de un lado a otro, como ocurre en la electrónica actual.

En las pruebas de laboratorio, este transistor fue capaz de amplificar la corriente hasta 10 veces, un rendimiento muy superior al de otros diseños magnéticos, que apenas lograban alteraciones mínimas en el flujo eléctrico.

Impacto en la tecnología y la sostenibilidad

Este avance podría transformar desde los móviles hasta los centros de datos. Equipos más rápidos y con mayor autonomía energética, servidores con menor consumo y sensores ambientales que funcionen casi sin batería son solo algunos de los escenarios posibles.

Además, el uso de este tipo de transistores abre la puerta a la computación neuromórfica, inspirada en el cerebro humano, capaz de potenciar la inteligencia artificial con mucho menor coste energético.

En un contexto donde la tecnología consume cada vez más energía, un transistor más eficiente y sostenible no solo acelera la innovación: también ayuda a reducir la huella de carbono global.

[Fuente: EcoInventos]

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