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El movimiento secreto de SpaceX que no involucra cohetes, pero puede cambiar la forma en que nos conectamos al planeta

En septiembre, SpaceX sorprendió a la industria con un movimiento inesperado. No presentó un nuevo cohete, ni una nave revolucionaria, sino que cerró una compra estratégica que reconfigura por completo el tablero global de las comunicaciones. La operación, valorada en 17.000 millones de dólares, da a Starlink el acceso al espectro que necesitaba para que su red de satélites deje de ser un proyecto ambicioso y pase a ser una infraestructura que abarque la Tierra entera.

La compra que cambia el juego

El movimiento secreto de SpaceX que no involucra cohetes, pero puede cambiar la forma en que nos conectamos al planeta
© SpaceX.

El 8 de septiembre, SpaceX anunció que adquiría el espectro de la banda S de EchoStar y sus licencias de servicio global. En la práctica, la jugada elimina a uno de los competidores más poderosos que amenazaba el proyecto Direct to Cell, la iniciativa que busca llevar cobertura móvil a cualquier punto del planeta.

Durante décadas, EchoStar había acumulado derechos de transmisión sin desplegar su propia red. Musk lo convirtió en combustible para su proyecto: un acceso privilegiado que le permitirá multiplicar por 100 la capacidad de los satélites Starlink gracias a los protocolos 5G.

La promesa es ambiciosa: si puedes ver el cielo, tendrás señal, incluso en lugares donde hasta ahora no llegaba ninguna red terrestre.

Starship: la otra mitad de la ecuación

Comprar espectro es solo la primera pieza del rompecabezas. La segunda se llama Starship, el cohete más grande del mundo. Tras varios intentos fallidos, su décimo vuelo marcó un punto de inflexión: alcanzó el espacio, sobrevivió a la reentrada y desplegó con éxito una carga de prueba con un sistema similar a un dispensador de caramelos.

La diferencia frente al Falcon 9 es abismal. Mientras este apenas puede lanzar unas dos decenas de satélites Starlink V2 mini, Starship podrá poner en órbita tandas de satélites mucho mayores y más avanzados. Cada lanzamiento añadirá decenas de terabits por segundo a la red global.

La nueva generación de satélites

El movimiento secreto de SpaceX que no involucra cohetes, pero puede cambiar la forma en que nos conectamos al planeta
© SpaceX.

Los Starlink V3 están diseñados para ir más allá de la cantidad: apuestan por la calidad. Incorporan propulsores de argón de efecto Hall que permiten maniobras orbitales más eficientes y una navegabilidad sin precedentes. Según SpaceX, un solo lanzamiento de Starship con esta nueva generación añadirá 60 Tbps a la red, veinte veces más que lo que consigue un Falcon 9 en la actualidad.

La red de Starlink ya cuenta con más de 8.300 satélites, más que todas las constelaciones de la competencia juntas. Y en paralelo, la compañía desarrolla un “mini-láser” de 25 Gbps para conectar estaciones y satélites de terceros directamente a su infraestructura, como si fueran clientes de un proveedor de internet orbital.

Una constelación imposible de igualar

Con la compra del espectro ideal, un cohete pesado listo para operar y una tecnología satelital que avanza a ritmo acelerado, Starlink está ejecutando un plan que parecía ciencia ficción: borrar para siempre las zonas muertas de cobertura en la Tierra.

Lo que parecía un sueño futurista ya no es una visión lejana. SpaceX ha comenzado a construir la constelación definitiva, una red diseñada no solo para conectar a los habitantes del planeta, sino para convertirse en la columna vertebral de un internet que también se extienda más allá de la Tierra.

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