El auge del New Space ha dejado claro que no basta con fabricar cohetes: también hay que diferenciarlos. En un mercado donde Estados Unidos domina con bestias como el Falcon 9 o el New Glenn, Europa ha optado por otra estrategia inesperada: apelar al imaginario cultural. Si España convirtió al Miura en un símbolo taurino propulsionado, Francia ha respondido recurriendo al elemento más reconocible de su identidad cotidiana: el pan.
Así nació Baguette One, un nombre que parece diseñado para volverse viral antes incluso de encender sus motores. Y tal vez no sea casualidad: la industria espacial europea ha entendido que la atención pública es un activo, incluso cuando llega entre sonrisas.
Pero detrás de la ocurrencia hay un proyecto serio que apunta directamente al segmento estratégico de los microlanzadores económicos.
Un lanzamiento histórico… y desde un lugar inesperado

A diferencia de la tradición francesa —lanzar desde la Guayana Francesa—, el Baguette One despegará desde Biscarrosse, en la costa atlántica, gracias a un acuerdo con la Dirección General de Armamento. Es la primera vez que Francia realizará un lanzamiento civil desde su propio territorio continental.
El cohete tendrá unos 10 metros de altura, similar al tamaño del Miura 1 español, y realizará vuelos suborbitales destinados a pruebas tecnológicas. HyPrSpace ya aseguró un primer cliente: ATMOS Space Cargo, que utilizará el vuelo para ensayar la reentrada de su cápsula Phoenix-2.
El mensaje es claro: el proyecto no es una broma. Es la entrada oficial de Francia en un mercado donde Europa quiere presencia real.
Tecnología híbrida para abaratar un sector que vive obsesionado con los costes
HyPrSpace —abreviatura de Hybrid Propulsion for Space— ha elegido una vía poco explorada: motores híbridos basados en plástico reciclado como combustible sólido y oxígeno líquido como oxidante. Este sistema permite eliminar las turbobombas, uno de los componentes más caros, complejos y frágiles de la propulsión espacial.
La consecuencia directa es un abaratamiento sensible del lanzador:
- hasta un 40 % menos coste respecto a un motor líquido tradicional;
- menor complejidad mecánica;
- mayor facilidad de fabricación y ensayo.
Sin embargo, no todo son ventajas: los motores híbridos suelen ser menos versátiles y carecen de capacidad de reutilización. Mientras empresas como PLD Space planean recuperar futuras versiones del Miura 5, la arquitectura francesa apuesta por sacrificar esa opción en favor del precio.
Un plan a largo plazo: el OB-1 quiere competir por la órbita

El Baguette One es solo el aperitivo. HyPrSpace prepara su sucesor, el Orbital Baguette One (OB-1), con un lanzamiento previsto para 2027. Este microlanzador tendrá capacidad para colocar entre 200 y 250 kg en órbita baja, una cifra que lo situaría dentro del competitivo mercado de lanzadores comerciales ligeros.
En conjunto, el proyecto ya ha asegurado 21 millones de euros de inversión privada, que se suman a los 35 millones procedentes del plan France 2030. La mezcla entre humor cultural y ambición industrial está encontrando financiación real.
Europa está creando una identidad propia en la carrera espacial comercial
Lo que empezó como una anécdota —cohetes bautizados con símbolos nacionales— está revelando algo más profundo: la construcción de una narrativa espacial europea basada en cultura, cercanía y diferenciación. En un sector dominado por gigantes estadounidenses, Europa está apostando por el ingenio y la identidad.
El Baguette One lo demuestra de forma inesperada.
El nombre atrae titulares.
La tecnología busca atraer clientes.
Y juntos, ambos elementos colocan a Francia en la conversación sobre qué países liderarán la próxima década de microlanzadores.