Desde siempre hemos pensado en la información como algo intangible: datos que viajan por cables, impulsos eléctricos que se convierten en imágenes o textos. Pero un físico británico ha lanzado una idea disruptiva: la información, aquello que creemos ligero y etéreo, podría tener masa. Y si esto se confirma, no solo sería el quinto estado de la materia, también una llave para entender misterios cósmicos.
El experimento que quiere poner peso a los datos

Melvin Vopson, de la Universidad de Portsmouth, no habla en metáforas. Plantea que cada bit de información tiene un peso real, tan diminuto que apenas puede medirse, pero suficiente para alterar nuestro entendimiento de la física. Su propuesta parte de experimentos que buscan detectar el “peso” de la información en partículas elementales, un paso que, de confirmarse, colocaría la información al mismo nivel que los sólidos, líquidos, gases y plasmas.
De la nube digital a la materia oscura

La idea no se queda en la teoría. Si cada dato posee masa, la acumulación descomunal de información en servidores y dispositivos de todo el planeta tendría un impacto físico, por mínimo que sea. Y, llevado al cosmos, este planteo abre una hipótesis radical: parte de la materia oscura —ese 27% del universo que aún no entendemos— podría estar compuesta por información con masa.
Cuando la realidad se mide en bits
El giro es filosófico y tecnológico a la vez. La noción de que lo digital pesa obliga a repensar cómo diseñamos almacenamiento, redes y sistemas energéticos. Pero también plantea preguntas sobre la naturaleza misma de la realidad: si los datos son materia, entonces la frontera entre lo físico y lo abstracto se desvanece. En ese cruce, la información dejaría de ser el lenguaje con el que describimos el universo para convertirse en parte fundamental de él.