La fusión nuclear es la promesa eterna de una energía limpia e inagotable, pero también el gran reto tecnológico del siglo XXI. Europa y Japón acaban de dar un paso decisivo con el reactor JT-60SA, una máquina gigantesca que prepara el terreno para ITER y, más adelante, para los primeros prototipos comerciales.
Una máquina descomunal en Naka
El JT-60SA se levanta en la ciudad japonesa de Naka y comenzó a construirse en 2013 sobre la base de su precursor, el JT-60 de 1985. Con más de 15 metros de altura y casi 14 de diámetro, este tokamak es capaz de confinar un plasma de 130 m³, generar un campo magnético de 2,25 teslas y sostener corrientes de 5,5 millones de amperios.
Desde finales de 2023 está preparado para iniciar pruebas con plasma. Su diseño busca servir de banco de pruebas para ITER, el gigantesco proyecto internacional que intentará demostrar la viabilidad de la fusión a gran escala.
[ 🇯🇵 JAPON ]
🔸 Lancement du projet FAST (Fusion by Advanced Superconducting Tokamak) dont l’objectif est d’atteindre une production d’électricité par fusion nucléaire d’ici la fin des années 2030. pic.twitter.com/n1EHSD8RlS
— Little Think Tank (@L_ThinkTank) November 28, 2024
El desafío de medir lo imposible
Uno de los mayores obstáculos para los ingenieros es conocer en detalle qué ocurre dentro del plasma. Para que la fusión se produzca, la mezcla de deuterio y tritio debe alcanzar temperaturas de unos 150 millones de grados Celsius, imposibles de medir con sensores convencionales.
Por eso, el JT-60SA contará con dos sofisticados sistemas de diagnóstico por dispersión de Thomson: uno diseñado en Japón para el núcleo del plasma y otro desarrollado en Europa para el borde. Ambos utilizan haces láser de alta potencia que, al interactuar con los electrones, permiten calcular de forma indirecta su temperatura y densidad.
Una colaboración global de alta precisión
Los componentes de estos sistemas han sido fabricados en Italia, Rumanía y Japón, y su integración permitirá que el reactor disponga de uno de los equipos de diagnóstico más avanzados del planeta. Gracias a ello, los investigadores podrán controlar con mayor exactitud el comportamiento del plasma, lo que resulta clave para lograr estabilidad en los experimentos.
La fusión nuclear ya no tropieza con las leyes de la física, sino con las limitaciones de la ingeniería: materiales capaces de soportar condiciones extremas, sistemas de refrigeración eficaces y métodos de control ultrarrigurosos. El JT-60SA es, en este sentido, un laboratorio imprescindible.
Europa y Japón se enfrentan juntos a uno de los mayores retos de la fusión nuclear: la irradiación de materiales #MarketingEstrategiaDigitalizacion https://t.co/3s7G5elCFe pic.twitter.com/wIXAYa7Ssz
— Mar Carrillo (@Mar__Carrillo) August 1, 2024
Más cerca, pero aún no ahí
La puesta en marcha de esta máquina demuestra que los avances son reales, aunque también que el camino es largo. ITER será el siguiente paso y, tras él, el prototipo DEMO que aspira a conectar por primera vez la fusión a la red eléctrica.
Mientras tanto, el JT-60SA nos recuerda la paradoja de esta energía: está más cerca que nunca y, al mismo tiempo, aún fuera de nuestro alcance cotidiano.
Fuente: Xataka.