En América Latina, donde los contrastes tecnológicos son tan amplios como los geográficos, la inteligencia artificial avanza a diferentes velocidades. Algunos países recién comienzan a construir estrategias nacionales, mientras otros ya experimentan con modelos de gobernanza, desarrollo de talento e infraestructura computacional.
Y entre esos líderes, sorprendentemente, se cuela un país diminuto en extensión y población, pero enorme en planificación digital.
El nuevo Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) —elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia) de Chile y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)— coloca a Uruguay en el tercer lugar regional, solo detrás de Chile y Brasil. Tres naciones que, por tercer año consecutivo, integran la categoría de “pioneros”, la más alta en la escala del estudio.
Un liderazgo que se mide en datos, no en tamaño

El ILIA 2025 evalúa a 19 países de la región en cuatro dimensiones: factores habilitantes, investigación, desarrollo y adopción, y gobernanza. Uruguay obtuvo 62,32 puntos sobre 100, apenas por debajo de Brasil (67,39) y de Chile (70,56), que conserva el primer lugar.
Lo interesante es el contexto: Uruguay representa menos del 1 % de la población latinoamericana, pero ha logrado situarse entre las potencias tecnológicas de la región. Su avance responde a una política de digitalización sostenida, con infraestructura robusta, formación de talento especializado y estrategias públicas tempranas en IA.
El informe clasifica a estos tres países como pioneros, señalando su “alto desempeño en infraestructura, investigación, innovación y gobernanza de IA”, junto con una capacidad consolidada de cómputo y gestión de datos.
La otra cara del mapa latinoamericano
El informe también muestra una región profundamente desigual. Mientras Chile, Brasil y Uruguay se consolidan como pioneros, ocho países —entre ellos Colombia, Argentina, Ecuador, Costa Rica y República Dominicana— aparecen como adoptantes, avanzando en conectividad y talento, pero aún lejos de la frontera tecnológica.
Más de un tercio del continente se mantiene en la categoría de exploradores, con ecosistemas de IA incipientes y recursos limitados. Esa brecha no es solo técnica, sino estructural: América Latina recibe apenas el 1,12 % de la inversión global en IA, pese a representar el 6,6 % del PIB mundial.
Según el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, esta diferencia puede convertirse en una nueva forma de desigualdad: “La inteligencia artificial puede impulsar el desarrollo, pero también profundizar la fragmentación digital si no se articula con políticas productivas y sociales.”
La apuesta uruguaya: estabilidad y talento
El caso uruguayo destaca por su consistencia. Desde la creación de Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información (Agesic) y los primeros programas de alfabetización digital, el país apostó a un modelo donde educación, infraestructura y tecnología caminan juntas.
Esa continuidad —poco común en la región— permitió que Uruguay desarrollara una base sólida en conectividad, datos abiertos y gobernanza digital. Hoy, según el ILIA, lidera en capacidades humanas y políticas públicas, y avanza en la creación de un ecosistema de IA aplicado a sectores estratégicos como la salud, la educación y la gestión estatal.
Entre el potencial y la advertencia

El informe también lanza una alerta: la región podría fragmentarse en dos velocidades si no se cierran las brechas de inversión, talento e infraestructura. La fuga de especialistas, la falta de financiamiento y la escasa coordinación regional amenazan con dejar atrás a los países más pequeños o dependientes de economías extractivas.
Sin embargo, también abre una puerta de optimismo. La IA no depende exclusivamente del tamaño o del presupuesto, sino de visión, políticas públicas y colaboración.
Uruguay lo demuestra: un país de tres millones de habitantes, entre océano y llanuras, puede ser pionero si mantiene una estrategia coherente.
Un continente en transición
La inteligencia artificial está redefiniendo el mapa del desarrollo en América Latina. Algunos países apenas dibujan su hoja de ruta, otros —como Chile, Brasil y Uruguay— ya trazan el camino a seguir.
El reto es que esa carrera tecnológica no deje atrás a nadie. Porque en el nuevo tablero global, no gana el más grande, sino el que aprende antes cómo usar la inteligencia de manera colectiva.