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Estados Unidos no quiere perder el control de la inteligencia artificial. Por eso ha puesto 1.000 millones en manos de AMD para construir las máquinas que decidirán el futuro del conocimiento

La lucha por el poder tecnológico se libró en los laboratorios de chips y software. Hoy, esa batalla tiene un nombre: inteligencia artificial soberana. Estados Unidos quiere asegurarse de que los grandes modelos —los que descubren medicamentos, diseñan reactores o escriben código— se desarrollen en su propio territorio.

Y para eso, ha elegido a AMD, una empresa que hace apenas unos años era la “alternativa barata” a Intel, y que ahora se ha convertido en una pieza estratégica del país.

El Departamento de Energía y AMD han sellado un acuerdo de 1.000 millones de dólares para construir dos supercomputadores que definirán la próxima década: Lux AI y Discovery. Ambos se integrarán en la red de centros de investigación de Estados Unidos, bajo una misma misión: mantener al país un paso por delante en la carrera por la inteligencia artificial.

Lux AI: la fábrica de cerebros digitales

Dos máquinas podrían decidir quién domina la inteligencia artificial. AMD y Estados Unidos se han unido para construirlas antes de que China lo haga primero.
© AMD.

El primero, Lux AI, se desplegará en 2026 en el Laboratorio Nacional Oak Ridge. Será el primer supercomputador estadounidense diseñado como una “AI Factory”, una fábrica digital capaz de entrenar modelos de lenguaje, visión y ciencia con una potencia sin precedentes.

Estará impulsado por CPU EPYC y GPU Instinct MI355X de AMD, y su función será entrenar modelos de IA que luego podrán aplicarse en biología, energía y defensa. En otras palabras: será la planta donde se forjen los algoritmos que definan el conocimiento científico del futuro.

Discovery: la segunda pieza del plan

Dos máquinas podrían decidir quién domina la inteligencia artificial. AMD y Estados Unidos se han unido para construirlas antes de que China lo haga primero.
© AMD.

Cuatro años después llegará el Discovery, su sucesor directo. Utilizará GPU Instinct MI430X y una nueva generación de procesadores EPYC “Venice”, y estará diseñado para simular y ejecutar los modelos que nazcan en Lux.

En conjunto, los dos equipos permitirán crear un ecosistema de IA completamente nacional: entrenar, probar y desplegar sin depender de infraestructuras privadas o extranjeras. La idea es simple y poderosa: si el conocimiento es el nuevo petróleo, Estados Unidos quiere refinarlo en casa.

Chips, soberanía y poder

Este proyecto es más que un salto técnico: es una declaración política. En un mundo donde China avanza con sus propios superordenadores y Europa intenta regular la IA antes de dominarla, Estados Unidos busca blindar su posición como epicentro de la innovación.

AMD se suma así a la estrategia que ya favorece a Intel y Apple, ambas beneficiarias de inversiones públicas destinadas a recuperar la fabricación nacional de chips.

Lux AI y Discovery no solo serán máquinas de cálculo. Serán los guardianes de una nueva frontera del conocimiento, donde cada operación matemática se convierte en una pieza de poder. Porque, al final, esta no es una historia de procesadores. Es la historia de cómo un país intenta programar su futuro antes de que otro lo haga por él.

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