
¿Usar IA o no usarla? Esa es la cuestión que enfrentan hoy todos los estudiantes y educadores. Si bien se ha debatido interminablemente sobre las ventajas y desventajas de incorporar herramientas como ChatGPT a las aulas, los investigadores hicieron la prueba con estudiantes reales de economía. Los resultados son sorprendentes.
Los educadores de la Universidad de Massachusetts Amherst compararon el impacto del uso de la IA versus el no uso, en dos secciones de un curso avanzado de economía con las mismas clases orales, tareas de estudio y exámenes con lápiz y papel (sin apuntes o tecnología). Al terminar el semestre el experimento reveló que el uso estructurado de la IA generativa aumentaba el compromiso y la confianza en sí mismos de los estudiantes, pero no mejoraba los resultados en los exámenes.
“El resultado central es simple: permitir el uso de la IA no aumentó los puntajes de los exámenes en este curso. Sin embargo, la intervención cambió significativamente la forma en que aprendieron los estudiantes, y cómo se sentían en cuanto a lo aprendido”, escribieron los investigadores en un trabajo publicado este mes en Social Science Research Network.
Un impacto positivo
Los estudiantes de una sección tuvieron permiso para usar herramientas de IA generativa como ChatGPT, con guía del profesor. A otro sector no se le permitió usar la IA, y recibieron tutoría sin esta herramienta. Christian Rojas, coautor del trabajo y profesor de ambas secciones, halló junto a sus colegas que los estudiantes que podían usar la IA participaban más y mejor en las clases.
También “al finalizar el semestre las dos secciones informaron una frecuencia similar del uso de la IA en sus otros cursos, pero los estudiantes de la sección que usó aquí la IA concentraban ese uso en sesiones más extendidas y con mayor sustancia (15 a 30 minutos)”, añadieron los investigadores. También relacionaron el acceso a la IA con “percepciones más positivas, en especial en cuanto a la eficiencia, la confianza en sí mismos y el compromiso, con intenciones más fuertes de seguir usando y estudiando la IA o elegir carreras intensivas en IA”.
Los estudiantes que tenían acceso a la IA maduraron más hábitos relacionados con el aprendizaje reflexivo (aprender de experiencias anteriores o ideas), como editar textos generados por la IA; identificar errores y elegir sus propias respuestas en lugar de las brindadas por la IA. Además, evaluaron mejor el curso, en especial en cuanto a la preparación del instructor y el uso del tiempo en clase. Dicho eso, el uso de la IA no pareció tener impacto en sus puntajes en exámenes o la calificación general.
Integración sin atajos
“No es que la IA ayudó a los estudiantes a aprender más, sino que les ayudó a aprender con mayor eficiencia y confianza”, explicó Rojas en declaraciones de la universidad. “Pasaban menos tiempo fuera de la clase haciendo tareas o preparando sus exámenes”.
Según el profesor, el experimento demuestra que los educadores pueden incorporar la IA sin que los estudiantes tomen atajos, aunque con cautela señaló que el estudio analizó a una muestra reducida de estudiantes, y se apoyó en lo que éstos informaban, lo que significa que se requerirán trabajos de investigación a mayor escala.
Pero “en conjunto, el acceso estructurado a la IA con todas las precauciones del caso sirvió para reformar la forma en que aprenden los estudiantes y cómo see sienten con lo aprendido, aunque no sirvió para mejorar el puntaje en los exámenes”, concluyeron los que llevaron a cabo este trabajo.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Lucas Handley. Aquí podrás encontrar la versión original.