Durante casi dos décadas, Facundo Mohrr construyó una identidad sólida dentro de la escena electrónica latinoamericana, con una proyección internacional sostenida y una búsqueda artística que nunca se dejó encasillar. Con residencias globales como All Day I Dream y el respaldo constante de nombres como Lee Burridge, Guy Gerber, Seth Troxler, Hernán Cattáneo y John Digweed, Mohrr se consolidó como una figura singular: sets largos, inmersivos, progresivos y libres de etiquetas.
Hoy, esa misma necesidad de coherencia y profundidad toma forma en Passionaria, su nueva marca. Más que una fiesta o un sello, el proyecto nace como una declaración de principios frente a una escena que, según él, fue desplazando el foco de la música hacia la pose, el teléfono y el VIP. Passionaria propone lo contrario: una pista sin divisiones, libertad total y un único protagonista —el sonido.
1. A lo largo de los años, la escena electrónica fue cambiando mucho, tanto en lo musical como en lo social. ¿En qué momento sentiste que era necesario crear Passionaria y por qué creés que este proyecto tenía que nacer ahora?
La escena electrónica fue cambiando como cambian la mayoría de las cosas, y en lo musical eso me parece algo positivo: hace que se mantenga en movimiento, que no se estanque. Hubo momentos donde predominó lo melodic, después el afro, ahora el tech… y así distintos públicos se fueron acercando cuando encontraron algo que les resonaba. Algunos estilos quedan, otros pasan, pero la escena sigue creciendo y renovándose.
Passionaria surge por otro motivo, más personal. Después de casi 20 años de carrera sentí el deseo de hacer mi propia fiesta, simplemente eso.
Incluso en mis fechas all night long, donde no hay más que mi música, siempre existen ciertos condicionantes que uno tiene en cuenta. Con Passionaria la idea es que eso no exista. Crear un espacio donde no haya que adaptarse, sino proponer una experiencia tal como la siento y la imagino.
2. En varias ocasiones hablás de “volver a las bases” y de contrastar lo que pasa hoy en los clubes con lo que sucedía hace 15 o 20 años. Cuando mirás registros de esa época —fiestas donde la música y el baile eran el centro—, ¿qué sentís que se fue desplazando con el tiempo y qué es lo que más te interesa recuperar?
En Passionaria lo que más me interesa cuidar es que la gente esté junta. Que no haya barreras ni sectores que separen, sino un mismo espacio para bailar y compartir la música. Me gusta la idea de ver a amigos, conocidos y desconocidos celebrando un track en el mismo lugar, al mismo tiempo.
La libertad para vestirse y la ausencia de VIP tienen que ver con eso. Con generar un ambiente donde nadie se sienta observado, juzgado o condicionado, y donde la música y el sonido puedan ocupar el centro.
Entiendo que existen distintos formatos y lógicas dentro de la noche, pero en este caso quiero darme el gusto de proponer la experiencia como a mí me gustaría vivirla cuando voy a una fiesta: simple, libre y compartida.
El tema de los teléfonos, en cambio, no me molesta tanto. Es simple: no pongo música para filmar. Y te aseguro que hay, y mucha, música para bailar sin pensar en la cámara.
Siempre tengo muy presentes ciudades como Nueva York o Berlín, donde un sábado a la tarde estás con amigos y de repente surge ir a una fiesta. Agarrás lo justo y vas a bailar, sin pensar en un outfit o en si te van a dejar entrar con bermudas.
Eso es lo que me interesa recuperar, o al menos que exista en mi fiesta. Que alguien diga: “che, toca Facu, vamos a bailar y divertirnos”, y punto. Vení en ojotas si querés.
3. Para quienes todavía no tuvieron contacto con el proyecto, ¿cómo definirías qué es Passionaria? Más allá de ser una fiesta o un sello, ¿qué concepto hay detrás?
Passionaria, para mí, es bastante simple. Me apasiona la música, no los likes.
No pienso el proyecto desde lo que va a funcionar mejor en un video o en redes, sino desde lo que tiene sentido en ese momento. A ver, me gusta subir un video y ver que tiene un feedback positivo, ¿a quién no? Pero en este pequeño espacio dentro de la escena quiero proponer otra cosa y ver cómo funciona.
El otro día, por ejemplo, tenía un promo de un track que sabía que, si lo ponía y grababa, iba a tener muchos likes por el drop. Pero era un tema que hablaba del amanecer y yo estaba tocando un sunset. No lo iba a negociar. De la misma forma que no tocaría The Morning Song en un club a las tres de la mañana, aunque me lo pidan.
Eso es Passionaria. Un espacio donde la música manda y el contexto importa. No se trata de impactar, sino de ser coherente con lo que está pasando en la pista y con lo que yo siento en ese momento.
4. El nombre del proyecto también es parte central del relato. ¿Por qué Passionaria? ¿Qué significado tiene para vos?
La verdad es que no hay un manifiesto oculto detrás del nombre. Es un juego de palabras entre pasión y la passionaria, que es una flor. Me gustó cómo sonaba y lo que sugería, nada más.
Después veremos cómo se desarrolla la idea con el tiempo. Recién está empezando y no tengo apuro en explicarlo todo ni en ir tan deep desde tan temprano. Con el evento de lanzamiento que hicimos, recién estábamos plantando la semilla.
5. Hay decisiones muy claras en torno a la experiencia del evento: no VIP, sin divisiones en la pista, libertad total en la forma de vestirse y un foco absoluto en la música y el sonido. ¿Por qué estos puntos son innegociables?
Porque la experiencia que busco no aparece cuando controlás más o cuando sumás cosas, sino cuando soltás. Cuando dejás que la gente sea como quiere ser y se relacione con la música sin condicionantes.
En mi mundo, menos es más.
Sin VIP, sin divisiones y libertad total para vestirse tienen que ver con eso: con no interferir. Cuando todo se simplifica, la música y el sonido ocupan el centro y la experiencia se vuelve más real.
Entiendo que esto no siempre va de la mano con el business de la noche o con la lógica del promotor. El que se suma, se suma sabiendo lo que es.
Aparte, VIP viene de Very Important Person. Raro…
6. En lo musical, ¿cómo imaginás el sonido de Passionaria? ¿Es una continuidad natural de tu recorrido como DJ y productor o un espacio que te permite explorar nuevas facetas?
El sonido de Passionaria es el mío. Es una ensalada con dulce de leche.
Hoy en día es casi un cliché decir que no puedo definir mi sonido, pero la verdad es que no puedo. Y tampoco quiero.
No tengo ningún problema en mezclar un tema de Eze Arias con uno de Franky Rizardo y después poner algo de Skrillex. De hecho, lo hago. Pongo lo que me gusta, sin pensar tanto en quién lo hizo, cuándo o en qué género entra.
Para mí tiene más que ver con la emoción que con la etiqueta. Mientras te vea con una sonrisa, los ojos cerrados y disfrutando, ya está. Eso es suficiente.
7. Pensando a futuro, ¿cómo te gustaría ver evolucionar el proyecto y qué te gustaría que represente dentro de los próximos 5 a 10 años?
No pienso mucho a cinco o diez años. Me interesa más cuidar lo que está pasando ahora. Si Passionaria sigue siendo un lugar auténtico, sin compromisos raros y con la música al frente, ya estaría cumpliendo su función.

En tiempos donde la noche se fragmenta en sectores, contenidos y métricas, Passionaria aparece como un gesto contracultural dentro del propio circuito. No como nostalgia, sino como decisión estética y política: volver a poner a la pista en el centro.
Si la semilla recién está plantada, el tiempo dirá cómo florece. Pero el mensaje es claro: menos pose, menos barreras y más música. En el universo de Facundo Mohrr, la experiencia no se mide en likes, sino en lo que sucede —de verdad— cuando se apagan las luces y empieza a girar la bola de espejos.