La fotovoltaica vive un momento extraño: nunca había generado tanta expectativa y, a la vez, nunca había estado tan cerca de tocar techo. El silicio —la base de casi todos los paneles del planeta— lleva años rozando su límite físico.
Pero la Universidad Politécnica de Hong Kong (PolyU) cree tener una vía para romperlo por completo. Su apuesta es una tecnología tándem que combina la madurez del silicio con la extraordinaria absorción de la perovskita, un dúo que podría llevarnos a una eficiencia del 40 %.
Un salto técnico que desafía el límite del silicio

Hoy mismo, incluso los paneles más avanzados no logran superar el 34 %, un techo marcado por la propia física del silicio. La propuesta de PolyU, publicada en Nature Photonics, usa una célula superior de perovskita para capturar longitudes de onda que el silicio no puede procesar. Así, cada fotón que antes se desperdiciaba ahora se convierte en electricidad.
El concepto tándem no es nuevo; lo que cambia es su madurez. Las perovskitas, materiales que hace una década parecían una curiosidad de laboratorio, han evolucionado hasta convertirse en un candidato real para la industria. Su capacidad de absorber luz con alta eficiencia y su fabricación a bajo coste las convierten en un eslabón clave para la tercera generación solar.
Pero PolyU no solo apunta a rendimiento: apunta a escalabilidad, algo que este campo ha evitado durante años. Para alcanzar el 40 %, los investigadores proponen rutas industriales concretas, desde nuevas técnicas de deposición hasta métodos de control de defectos capaces de mantener la uniformidad en módulos grandes.
El otro desafío: estabilidad y sostenibilidad ambiental
La perovskita tiene un talón de Aquiles: su fragilidad. Humedad, oxígeno, rayos UV, fluctuaciones térmicas… cualquier mínima alteración afecta al material. El salto del laboratorio al exterior implica una tormenta de desafíos: encapsulados avanzados, barreras de humedad, estabilización de fases, protocolos IEC para simular décadas en meses.
Además, el uso de plomo sigue siendo el punto más polémico. Aunque los materiales son baratos y el rendimiento espectacular, la presencia de plomo genera tensiones regulatorias y ecológicas. PolyU plantea dos vías:
- Perovskitas alternativas sin metales pesados,
- Y sistemas de reciclaje y encapsulación que impidan fugas en el ciclo completo del producto.
Europa ya explora esta dirección con iniciativas como Solar-Tectic y Oxford PV, donde la sostenibilidad es tan importante como la eficiencia.
Un modelo colaborativo para acelerar la transición

El salto energético no llegará solo desde los laboratorios. PolyU insiste en que el avance real depende de una interacción continua entre industria, regulación e investigación aplicada. Modelos colaborativos como SERIS en Singapur o Horizon Europe ya demostraron que integrar ciencia e industria reduce plazos y costes sin perder precisión científica.
El objetivo final es muy claro: bajar el coste nivelado de la electricidad (LCOE) para que estos paneles ultrasofisticados compitan —sin subsidios— con gas, carbón o petróleo. Y si eso ocurre, sectores energívoros como los centros de datos, la industria pesada o el transporte eléctrico podrían alimentarse con renovables de alta densidad sin sacrificar superficie ni infraestructura.
Un camino difícil, pero con un premio descomunal
Si las células tándem perovskita/silicio consiguen estabilizarse y producirse a gran escala, podrían redefinir la matriz energética global. Más electricidad por metro cuadrado, menos coste, más independencia energética para ciudades densas y zonas remotas, y un camino más firme hacia la descarbonización real.
La revolución solar no será lineal, pero este avance deja algo claro: aún queda mucho sol por aprovechar. Y quizá, por primera vez en décadas, estamos a un paso real de romper el techo que creíamos definitivo.