A diferencia de la fotovoltaica o la eólica, la energía termosolar no depende de que el sol esté brillando. Su truco está en almacenar el calor del día para usarlo de noche, algo que ninguna otra fuente renovable logra con tanta eficiencia.
En España operan ya 49 plantas termosolares que generan 2.300 megavatios, aunque solo un 40% dispone de sistemas de almacenamiento térmico mediante sales fundidas, que retienen el calor durante horas. Gracias a este mecanismo, pueden producir electricidad por la noche o durante los picos de demanda, justo cuando la fotovoltaica se detiene.
“Resulta fundamental extender este almacenamiento al otro 60% de termosolares en operación”, explica Óscar Balseiro, secretario general de Protermosolar, quien recuerda que esta mejora técnica es esencial para aprovechar al máximo el potencial de la tecnología.
Un obstáculo regulatorio y económico que frena su avance

El problema no está en la ingeniería, sino en la normativa. Muchas centrales funcionan bajo un régimen retributivo antiguo, que no prevé nuevas inversiones ni garantiza la rentabilidad de ampliaciones costosas como la instalación de tanques de sales fundidas.
El resultado es paradójico: España necesita almacenamiento energético gestionable, y la termosolar ofrece una solución madura, pero no puede crecer por falta de incentivos legales y económicos.
“Las plantas que quieran invertir millones en almacenamiento no tienen hoy la seguridad jurídica que sí se ofrece a proyectos de baterías o centrales híbridas”, señala Balseiro.
Mientras tanto, la fotovoltaica —más barata pero menos controlable— satura la red durante el día, forzando a las termosolares a detener su producción. Lo que falta, coinciden los expertos, es una reforma que permita desplazar esa energía al anochecer, cuando el sistema más la necesita.
España, líder natural en la “tecnología del sol nocturno”

Con su elevado recurso solar y un ecosistema industrial consolidado, España posee una ventaja competitiva única para liderar el renacimiento de la termosolar. De hecho, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija un objetivo claro: alcanzar 4,8 gigavatios de potencia termosolar instalada en 2030.
El país cuenta, además, con ejemplos industriales exitosos. En Sevilla, la cervecera Heineken utiliza una planta termosolar que le ha permitido reducir un 60% su consumo de gas natural, demostrando que esta tecnología no solo sirve para generar electricidad, sino también para producir calor industrial limpio.
“Las sales fundidas son más seguras y limpias que las baterías eléctricas”, explica Guillermo Zaragoza, director de la Plataforma Solar de Almería. “Incluso China está apostando por el almacenamiento térmico en red, pese a ser el mayor productor mundial de baterías”.
La gran baza: energía limpia con empleo estable y tecnología nacional
Más allá de su rendimiento energético, la termosolar genera empleo local y cualificado. Cada planta da trabajo directo a unas 50 o 60 personas, además de otros tantos empleos indirectos. En total, más de 6.000 puestos de trabajo dependen hoy de este sector en España.
“Esta tecnología no solo aporta energía, sino también estabilidad al sistema y riqueza a las zonas rurales”, destaca Balseiro. “No hay otra renovable que combine generación, almacenamiento y empleo con los mismos beneficios sociales y económicos”.
Con una regulación adaptada al siglo XXI, los expertos creen que España podría convertirse en referente mundial de la energía solar gestionable, un modelo exportable a países del norte de África, Chile o Australia.
Como resume Zaragoza: “Mover el sol hacia la noche es una capacidad única. Y pocos lugares en el mundo están tan preparados para hacerlo como nosotros”.