Durante años, la falta de chips fue una preocupación abstracta que se traducía en retrasos, listas de espera y subidas de precios. Pero ahora la escasez de hardware empieza a manifestarse de formas más concretas y difíciles de ignorar. La creciente demanda de memoria RAM, impulsada por la expansión de la inteligencia artificial, ha llevado la situación a un punto inesperado: el primer robo documentado de módulos de RAM dentro de una fábrica.
El episodio no ocurrió en una tienda ni en un almacén externo, sino en el interior de unas oficinas de diseño, lo que deja claro que la crisis ya afecta incluso a los espacios donde se desarrolla la tecnología.
Un robo pequeño en cantidad, pero grande en significado

Según se dio a conocer en redes sociales, un ladrón accedió a una fábrica en Corea y se dirigió directamente a los ordenadores de una oficina de diseño. Allí abrió los equipos y extrajo cuatro módulos de memoria RAM Micron de 32 GB a 5.600 MHz, un total de 128 GB.
No se trató de un robo al azar. Todo indica que la persona sabía exactamente qué buscar y dónde encontrarlo. No tocó otros componentes ni equipos completos: fue directo a la memoria, uno de los elementos más demandados y difíciles de conseguir en la actualidad.
La escena es reveladora. En un contexto normal, desmontar ordenadores para llevarse RAM sería un acto poco común y de escaso valor. Hoy, en cambio, esos módulos se han convertido en piezas lo suficientemente cotizadas como para justificar una intrusión planificada.
La inteligencia artificial detrás de la escasez

El origen del problema no está en el consumo doméstico, sino en la explosión de la inteligencia artificial. Entrenar y ejecutar modelos avanzados requiere enormes centros de datos equipados con procesadores especializados y cantidades masivas de memoria RAM.
Esta presión sobre la cadena de suministro ha reducido la disponibilidad de módulos para otros sectores, desde fabricantes de móviles hasta consolas y ordenadores personales. Como consecuencia, los precios suben y los lanzamientos se retrasan.
La memoria RAM, un componente que durante años fue relativamente estable y accesible, se ha convertido en uno de los cuellos de botella más críticos del mercado tecnológico.
El robo en la fábrica coreana funciona como una señal de alarma. No solo habla de un incidente aislado, sino de un cambio de percepción: el hardware empieza a ser visto como un activo valioso en sí mismo, incluso antes de convertirse en un producto final.
Que el caso se haya difundido en redes sociales refuerza esa idea. Para muchos, el episodio no es una anécdota, sino el síntoma visible de un problema más amplio relacionado con la falta de suministros tecnológicos y la creciente dependencia de infraestructuras de alto rendimiento.
En este contexto, no resulta extraño que los fabricantes comiencen a extremar medidas de seguridad incluso en entornos que antes no lo requerían.
Subidas de precios y efectos en cascada
La escasez de RAM ya está teniendo consecuencias directas para los consumidores. Algunas marcas han empezado a ajustar los precios de sus dispositivos para compensar el aumento del coste de los chips de memoria.
Xiaomi, por ejemplo, ha incrementado los precios de varios productos en China, con subidas que oscilan entre los 100 y 200 yuanes. Tablets y otros dispositivos han sido los primeros afectados, pero el impacto no se limita a una sola categoría.
Informes del sector anticipan que los precios de la memoria y el almacenamiento podrían volver a subir en los primeros meses de 2026, lo que mantendría la presión sobre todo el ecosistema tecnológico.
La crisis de la RAM también empieza a salpicar al mundo del entretenimiento. Circulan rumores sobre posibles subidas de precio en consolas como PlayStation 5 y sobre ajustes en los planes de lanzamiento de futuras generaciones, incluida la esperada sucesora de Nintendo Switch.
Retrasar lanzamientos podría dar algo de margen a los fabricantes de memoria para estabilizar la producción, pero también implicaría un mercado más caro y con menos novedades a corto plazo.
El robo en la fábrica coreana no cambiará por sí solo el rumbo de la industria, pero deja una imagen difícil de ignorar: cuando alguien se arriesga a entrar en una planta tecnológica para llevarse módulos de RAM, queda claro que la escasez ha alcanzado un nivel crítico.
[Fuente: 20bits]