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Otro Starship hecho pedazos. El Booster 18 explotó por un tanque y SpaceX enfrenta el mismo fallo que ya había volado un cohete entero meses atrás

La madrugada en Starbase dejó una de esas escenas que Elon Musk preferiría borrar del calendario: un prototipo de nueva generación convertido en chatarra antes siquiera de oler el metano líquido. El Booster 18, la primera unidad del esperado Starship V3, explotó durante un test rutinario. Y aunque a SpaceX le sobra músculo para fabricar otro, el fallo vuelve a apuntar al mismo sospechoso que ya arrasó una Starship entera.

El primer V3 duró menos de 48 horas en la plataforma

SpaceX vuelve a perder un prototipo de Starship. Un tanque reventó el Booster 18 y expone un problema que ya había explotado antes en Starbase
© X / @SpaceX.

El Super Heavy Booster 18 apenas tuvo tiempo de acostumbrarse al aire libre. Dos días después de llegar a Masseys para sus pruebas de validación, una prueba de presión del sistema de gas terminó en un estallido que destruyó por completo el tanque de oxígeno líquido. No había metano ni motores Raptor instalados —una suerte que evitó que el incidente se convirtiera en fuego artificial interplanetario—, pero el resultado fue igual de claro: el primer propulsor de la versión 3 quedó inservible.

El golpe es especialmente duro porque este prototipo debía estrenarse en el vuelo 12, previsto para el primer trimestre de 2026. Y porque SpaceX necesita estos boosters para acelerar la transición hacia las capacidades orbitales avanzadas de Starship: más empuje, estructuras reforzadas y mejoras en los sistemas de presurización.

El mismo enemigo de siempre: los COPV vuelven a la escena

SpaceX vuelve a perder un prototipo de Starship. Un tanque reventó el Booster 18 y expone un problema que ya había explotado antes en Starbase
© X / @SpaceX.

Aunque la investigación sigue abierta, los analistas de NASASpaceflight no han tardado en señalar al viejo conocido: los COPV, pequeños depósitos de gas a altísima presión encargados de alimentar las válvulas y los sistemas de arranque de los motores.

La hipótesis es inquietante: uno de ellos habría fallado internamente, liberado energía de forma explosiva y desencadenado una reacción en cadena en los depósitos cercanos. Es exactamente lo que ocurrió con la Starship 36 hace unos meses —una explosión tan brutal que arrasó parte de la infraestructura de Masseys— y el patrón empieza a convertirse en un problema estructural.

Que la versión 3 siga mostrando vulnerabilidad en la misma zona complica la narrativa de “iteramos rápido y solucionamos más rápido”. Esta vez no basta con soldar otro booster: hace falta revisar un sistema crítico que actúa como el sistema nervioso del cohete.

El Pad 2, paralizado: sin booster no hay pruebas

SpaceX vuelve a perder un prototipo de Starship. Un tanque reventó el Booster 18 y expone un problema que ya había explotado antes en Starbase
© X / @SpaceX.

El daño no se limita al hardware perdido. El Booster 18 era el vehículo asignado para validar la nueva plataforma de lanzamiento Pad 2, una pieza clave para duplicar el ritmo de lanzamientos desde Starbase.
Sin un cohete físico que colocar sobre la estructura, no pueden probar:

  • Los nuevos tanques de suelo
  • Las líneas criogénicas
  • El sistema de sujeción reforzado
  • Los procedimientos de carga rápida

En otras palabras: todo el cronograma para 2026 sufre un tirón brusco del freno de mano. Y no es precisamente un calendario relajado: SpaceX necesita demostrar la transferencia de combustible en órbita y una serie de maniobras para Artemis III… antes de que Blue Origin y Lockheed Martin aceleren por el carril de al lado.

Una hoja de ruta que ya no admite más tropiezos

Starship lleva meses acumulando victorias importantes —reentradas controladas, estabilidad del escudo térmico, maniobras a alta velocidad—, pero también arrastra un historial de fallos que empieza a condicionar el ritmo. Cada explosión es un recordatorio de que el diseño del vehículo más grande jamás construido sigue enfrentándose a límites poco explorados: presiones extremas, cargas estructurales masivas y sistemas internos que aún necesitan madurar.

El Booster 19 ya está en construcción y el 20 avanza rápido, pero lo complicado no es fabricar otro cilindro gigante de acero: es asegurarse de que el próximo no reviente por exactamente el mismo motivo.

SpaceX está acostumbrada a explotar prototipos en nombre del progreso. Pero esta vez, con la NASA mirando el reloj de Artemis III de reojo, cada pedazo de acero que vuela por los aires duele un poco más.

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