El placer de escuchar

Parece una nave de ciencia ficción, pero es real. La Starship de Elon Musk es el cohete más grande jamás construido y podría cambiar el destino de la humanidad

Siempre fue un misterio: renders a medio mostrar, esquemas incompletos, rumores que oscilaban entre la ingeniería y la ciencia ficción. Pero SpaceX, en medio de las dudas sobre los retrasos del programa Artemisa, decidió abrir por fin las puertas del HLS (Human Landing System), el módulo lunar con el que Estados Unidos pretende regresar a la superficie de la Luna.

Y lo que se ha visto dentro de esta gigantesca estructura metálica dice tanto sobre el futuro de la exploración espacial como sobre la nueva carrera que enfrenta a las dos grandes potencias del siglo XXI.

Un espacio descomunal en un paisaje sin aire

SpaceX muestra por primera vez el interior del módulo lunar HLS: así es la nave con la que EE. UU. quiere ganar a China la carrera a la Luna
© SpaceX.

El HLS es, en esencia, una Starship transformada en vivienda lunar. Su volumen interior —614 metros cúbicos— supera por mucho al de cualquier módulo tripulado anterior. Es tanto que, por ahora, parece casi excesivo: en las misiones Artemisa III y IV, solo dos astronautas bajarán a la superficie mientras los otros dos permanecerán en la nave Orión.

El resultado es una cabina inmensa, con zonas casi vacías y una vista inigualable. En la cubierta de vuelo, una decena de ventanas rodea a los asientos del comandante y el piloto, que controlarán la nave con pantallas táctiles similares a las de la Crew Dragon.

En los momentos críticos, como el alunizaje, los astronautas llevarán trajes presurizados IVA, pero las maniobras serán en gran parte automáticas: un contraste absoluto con los años del Apolo, cuando cada descenso era una danza manual entre nervios y precisión.

Vivir en gravedad lunar

SpaceX muestra por primera vez el interior del módulo lunar HLS: así es la nave con la que EE. UU. quiere ganar a China la carrera a la Luna
© SpaceX.

Bajo la cubierta principal se ubican los almacenes, las literas y los módulos de trabajo. Al otro extremo, mesas y consolas donde los astronautas pasarán seis días y medio de experimentos y reportes. En el centro, una escotilla conduce a dos esclusas independientes, cada una con el mismo volumen que el módulo lunar del Apolo completo. Desde allí, saldrán al exterior equipados con los trajes AxEMU, desarrollados por Axiom Space.

El espacio, sin embargo, no está pensado (solo) para la comodidad. Es un entorno donde cada centímetro cuenta, donde el silencio se mezcla con el zumbido de los sistemas de soporte vital y el eco metálico de una habitación diseñada para resistir la soledad total.

Una nave que también es una promesa

La apertura de SpaceX no llega por casualidad. La compañía asegura haber completado 49 hitos de desarrollo del HLS, incluyendo pruebas de su sistema de atmósfera, aislamiento térmico y control de temperatura. En un simulador a tamaño real, ingenieros y astronautas han vivido días enteros dentro del módulo, ensayando tareas, ruidos, niveles de luz y maniobras de reoxigenación.

Incluso se probaron los depósitos orbitales que, en teoría, permitirán repostar el HLS con metano y oxígeno líquidos antes de partir hacia la Luna, una maniobra que nunca se ha hecho en el espacio. Ese es, de hecho, el punto más delicado de la arquitectura de la misión: sin repostaje orbital, no hay alunizaje.

Musk contra el tiempo (y contra China)

SpaceX muestra por primera vez el interior del módulo lunar HLS: así es la nave con la que EE. UU. quiere ganar a China la carrera a la Luna
© SpaceX.

El administrador interino de la NASA, Sean Duffy, ha insinuado que podría reabrir el contrato del módulo lunar a otros competidores, alegando retrasos y complejidad. Elon Musk respondió como suele hacerlo: mostrando músculo. En el artículo donde SpaceX publicó las imágenes, la frase central fue casi un desafío directo: “Starship llevará a los Estados Unidos a la Luna antes que cualquier otra nación.”

El mensaje es totalmente claro: el rival no está en Houston, sino en Pekín. China avanza con su propio sistema de alunizaje, el Lanyue, y su nave Mengzhou, con planes de enviar taikonautas al polo sur lunar antes de 2030. Para SpaceX, demostrar progreso tangible es tan importante como el desarrollo técnico: es la forma de mantener la financiación, el liderazgo y la narrativa de que Estados Unidos sigue marcando el ritmo de la exploración espacial.

La habitación más solitaria del Sistema Solar

Dentro del HLS, las paredes blancas, los paneles luminosos y el ascensor que llevará a los astronautas hasta la superficie parecen salidos de una película futurista. Pero este no es un decorado: es el espacio real donde dos humanos vivirán una semana en la Luna, aislados, a 384.000 kilómetros de la Tierra. El contraste es brutal: un interior casi vacío dentro del vacío absoluto. Una arquitectura hecha no para impresionar, sino para sobrevivir.

Cuando el primer astronauta pise el regolito lunar bajo el emblema de la NASA, no será solo una victoria tecnológica, sino también una respuesta al desafío geopolítico del siglo.

Y quizás, cuando levante la vista hacia esa nave blanca con diez ventanas mirando al infinito, sepa que está en la habitación más solitaria —y más simbólica— del Sistema Solar.

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