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Putin confirma la apuesta más arriesgada de Rusia en años al presentar su misil «Burevestnik» de propulsión nuclear y reactiva el miedo de enfrentamientos entre potencias

Rusia ha anunciado oficialmente que ha probado con éxito su primer misil de crucero con propulsión nuclear, una tecnología que hasta ahora parecía más cercana a la ciencia ficción que a la realidad militar. Durante una reunión con el alto mando del ejército, Vladimir Putin confirmó que el Burevestnik —conocido por la OTAN como SSC-X-9 Skyfall— está listo para entrar en fase de despliegue.

Según el propio mandatario, el arma es “única en el mundo” y representa una ventaja estratégica sin precedentes. Su fuente de energía nuclear le permite mantenerse en vuelo durante más de 15 horas, recorriendo 14.000 kilómetros, una autonomía imposible para cualquier misil de combustible convencional.

“Necesitamos identificar posibles usos y comenzar a preparar la infraestructura para su despliegue”, afirmó Putin ante los comandantes militares, vestido con uniforme y transmitiendo un mensaje inequívoco: Rusia ha vuelto a mover ficha en el tablero nuclear.

Un “Chernóbil volador”: el riesgo detrás de la innovación

Misil Propulsion Nuclear Rusia
© Dan Meyers – Unsplash

Aunque el Kremlin celebra el logro como una muestra de poder tecnológico, la comunidad científica y los analistas internacionales lo observan con alarma. Jeffrey Lewis, experto en no proliferación nuclear del Middlebury College, describió al Burevestnik como un “pequeño Chernóbil volador”, en referencia a la posibilidad de contaminación radiactiva si el sistema falla.

El misil, alimentado por un reactor nuclear miniaturizado, no solo multiplica el alcance, sino que podría permanecer orbitando durante días antes de recibir la orden de ataque. Sin embargo, su desarrollo implica riesgos extremos: incluso una prueba fallida podría liberar materiales radiactivos a gran escala.

“Es otra arma de ciencia ficción que resultará desestabilizadora y difícil de abordar en el ámbito del control de armamentos”, añadió Lewis.

El contexto estratégico: de los tratados rotos al regreso de la “Cúpula Dorada”

El origen del Burevestnik se remonta a principios de los 2000, cuando Estados Unidos se retiró del Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972 bajo la administración de George W. Bush. Desde entonces, Moscú ha desarrollado sistemas capaces de burlar cualquier escudo antimisiles, incluido el proyecto estadounidense conocido como la “Cúpula Dorada”, impulsado por Donald Trump.

El anuncio de Putin llega, además, en un momento especialmente tenso:

  • La guerra en Ucrania continúa consumiendo recursos rusos.
  • Trump ha regresado al poder en Washington y reactivado su política de defensa estratégica.
  • El Nuevo START, el último tratado de control de armas vigente entre ambas potencias, expira en febrero de 2026.

En este contexto, el nuevo misil aparece como una carta de presión diplomática. Putin incluso ha ofrecido extender el tratado un año más si Estados Unidos acepta los mismos límites, una jugada que podría aliviar la presión económica sobre Moscú mientras mantiene la iniciativa nuclear.

Una nueva carrera armamentista en marcha

Trump y la salud global: la alerta que inquieta a la comunidad científica
© JUSTIN LANE.

Los analistas coinciden en que el Burevestnik no representa tanto una amenaza táctica como una declaración política. El experto ruso Pavel Podvig, con sede en Ginebra, cuestiona su utilidad práctica: “No es un sistema muy eficiente. Su función sería responder a un ataque nuclear estadounidense, pero en ese escenario sus plataformas de lanzamiento ya habrían sido destruidas”.

Aun así, su desarrollo supone un precedente peligroso. La proliferación de armas con propulsión nuclear reabre un escenario de rivalidad tecnológica que el mundo no veía desde la Guerra Fría.

“Así es como empieza una carrera armamentista”, concluye Lewis. “Con cada avance, la otra parte se ve obligada a responder, y eso nos aleja cada vez más de la estabilidad global”.

Más allá de la propaganda: un desafío para el control de armas

La presentación del Burevestnik coincide con el anuncio de otros ejercicios militares rusos, incluidos lanzamientos de misiles Yars, Sineva y Kh-102, todos con capacidad nuclear. Para Putin, estas pruebas “confirman la fiabilidad del escudo nuclear ruso”.

Sin embargo, detrás del triunfalismo se esconde una estrategia de comunicación dirigida tanto al público interno como a Washington. Al exhibir el éxito de una tecnología inédita, el Kremlin busca reafirmar su poder disuasorio y, al mismo tiempo, obligar a Estados Unidos a negociar desde una posición de debilidad percibida.

En palabras de la analista Hanna Notte, del Centro James Martin, el anuncio “es la primera demostración seria de poder nuclear de Putin desde el regreso de Trump al poder” y “una forma de recordarle a Occidente que Rusia sigue teniendo la última palabra en el equilibrio atómico”.

[Fuente: La Nación]

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