El Tamagotchi —videojuego pequeño con forma de huevo que venía de Japón— nos enseñó a los chicos de la Generación Z que la vida es precaria y que cuidar de las criaturas pequeñas es una responsabilidad. Un equipo de investigadores estudiantes le ha dado un giro a la premisa del videojuego, usando bacterias reales para darle vida al juguete.
Dejamos en claro que SquidKid, el prototipo de juguete, no tiene vínculos oficiales con Bandai Namco, propietaria de la franquicia de Tamagotchi. SquidKid se ha inspirado en el juego japonés en que los niños cuidan a un personaje diminuto que podría “morir” si no lo cuidan como se debe.
En el caso de SquidKid la apuesta es mayor porque es un biorreactor que contiene bacterias bioluminiscentes reales que los niños pueden alimentar, cuidar y observar. SquidKid fue finalista en el Desafío Internacional de Biodiseño de la Universidad Northeastern y “despierta curiosidad y anima al cuidado del mundo microbiano”, según su presentación oficial.
“Nuestro objetivo en realidad era crear un biorreactor que fuera continuo para que se pudiera mantener un cultivo bacteriano durante un período extenso, como se hace con los peces en una pecera, por ejemplo”, dijo Deirdre Ni Chonaill, estudiante de postgrado en diseño de experiencia de Northeastern y miembro del proyecto SquidKid, en un comunicado.
“Los niños no siempre tratan muy bien a sus juguetes”, añadió Ni Chonaill. “Con el Tamagotchi, si lo ignorabas, moría. Y en este caso realmente estás matando algo”.
El Tamagotchi está vivo
El SquidKid tiene forma de calamar, con inyectores similares a tentáculos que los niños pueden apretar para dar oxígeno a las bacterias. La bacteria Allivibrio fischeri, un organismo común en los entornos marinos, vive dentro de la cabeza del calamar de juguete. Los niños alimentan a las bacterias por otras partes del dispositivo y pueden provocar el movimiento necesario para que se mantengan vivas y luminosas, según el equipo.
El prototipo se inspiró en la relación simbiótica del calamar hawaiano con las bacterias bioluminiscentes, y comenzó como un proyecto de clases de la Universidad Northeastern. Un equipo de estudiantes de diseño, biología y ecotoxicología diseñó el dispositivo bajo la supervisión de Katia Zolotovsky, experta en microbios beneficiosos de la Universidad Northeastern.
Vivir con la naturaleza

La idea de un juguete lleno de bacterias podría sonar peligrosa ,pero el equipo insiste en que el biorreactor que contiene los microorganismos es seguro. De hecho, una de las motivaciones del proyecto era invitar a los niños a ver a las bacterias “como colaboradores y no como peligros, reconocer el cuidado como forma de inteligencia y habilidad, que responde, se adapta y sostiene la vida. Creemos que los juguetes pueden dar lugar a ese cambio”, dijo Ni Chonaill.
“SquidKid no es solo microbiología, sino enseñar a los niños a cuidar el medio ambiente y a aprender biología, mutualismo e interdependencia ambiental”, añadió Zolotovsky.
Todavía no se sabe si SquidKid llegará a los mercados comerciales. Yo nunca fui buena para mantener vivo a mi Tamagotchi, por lo que no estoy segura de mis probabilidades con SquidKid. Pero si sale a la venta, compraré uno y mantendré vivas a las bacterias en aprecio a lo que el equipo define como el poco apreciado rol de las bacterias en nuestras vidas.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.