Durante años, conectar un móvil vía satélite sonaba a ciencia ficción o a solución reservada para emergencias y dispositivos especializados. Hoy, esa frontera se derrumba. En un movimiento que redefine el acceso a internet móvil, Viasat ha comenzado a desplegar tecnología capaz de enlazar directamente smartphones a satélites, sin antenas externas ni equipos adicionales. Es su apuesta para enfrentarse a Starlink, que ya avanza con su propio servicio directo al dispositivo. Y aunque el duelo parece centrarse en cobertura remota y servicios de emergencia, lo que está en juego es algo mayor: la próxima gran infraestructura global de comunicaciones.
La nueva fase de la conectividad: satélites hablando directamente con tu móvil

Viasat, compañía estadounidense con décadas en el sector aeroespacial, está probando su servicio de conexión directo a dispositivo (D2D) en varios mercados y ha puesto el foco en América Latina y Europa como escenarios clave. El concepto es sencillo en apariencia: un teléfono móvil estándar se conecta directamente a un satélite, igual que lo hace con una antena terrestre. Pero detrás hay avances en órbita, espectro y redes 5G optimizadas para espacio.
La empresa ya opera este servicio en Estados Unidos, Australia, Oriente Medio y Reino Unido. También ha realizado pruebas en India, Brasil, Hawái y ahora en territorio mexicano, un mercado estratégico por su extensión rural, su industria manufacturera y la necesidad de cobertura en zonas donde no llegan las redes tradicionales.
Este movimiento coloca a Viasat frente a frente con Starlink, que en 2024 inició sus primeras pruebas de conectividad directa al móvil y pretende extenderla a escala masiva. Sin embargo, el enfoque de Viasat es distinto: no solo persigue al consumidor final, sino a sectores industriales donde la conectividad crítica marca diferencias —energía, agricultura, automoción, seguridad y gestión pública—.
La promesa es que, en los próximos años, los usuarios puedan pasar de cobertura terrestre a satelital sin notar cortes, aunque con variaciones de velocidad según la red disponible. Un salto pensado para evitar “zonas muertas” y garantizar comunicación continua.
Alianzas, no solo satélites: la estrategia para llegar al móvil sin intermediarios
Frente al modelo más vertical de Starlink, Viasat apuesta por un despliegue basado en alianzas con operadores móviles. En México ya conversa con compañías como Altán, Telcel y AT&T para habilitar roaming satelital transparente para el usuario. Es un movimiento que busca reducir fricción: el móvil se conectará donde no existan antenas terrestres, sin que la persona tenga que cambiar dispositivo ni plan.
La clave no está solo en servicios a consumidores. Viasat prepara acuerdos con empresas del sector energético, agrícola, automotriz y gubernamental para ofrecer conectividad donde la cobertura terrestre es insuficiente o demasiado cara de desplegar. Esta estrategia busca capturar una porción de un mercado que, según la consultora Markets and Markets, pasará de 570 millones de dólares en 2025 a 2.600 millones en 2030.
Además, la empresa subraya aplicaciones críticas: seguridad pública, emergencias, transporte y energía renovable. En desastres naturales, donde las redes terrestres suelen fallar, este tipo de comunicación podría convertirse en un salvavidas literal.
Una diferencia relevante respecto al satélite tradicional es el coste: ya no son necesarias antenas externas de más de 1.000 dólares. El móvil se convierte en terminal satelital.
La guerra del espectro y la carrera por nuevas constelaciones

Detrás del despliegue hay una batalla técnica: el espectro radioeléctrico. Viasat opera satélites en banda L, usada históricamente para servicios de misión crítica en aviación, marítimo y emergencias. Pero la llegada de servicios masivos obligará a ampliar capacidad y bandas, algo que también persigue Starlink.
SpaceX busca adquirir espectro adicional en banda S en Estados Unidos, y esa operación podría marcar un precedente para el sector. Si las empresas satelitales acumulan frecuencias, los operadores móviles tradicionales tendrán que adaptar sus estrategias. El mercado ya lo siente: las fronteras entre redes terrestres y espaciales empiezan a borrarse.
Viasat, por su parte, planea lanzar nuevos satélites tanto en órbita baja (LEO) como geostacionaria para sumar velocidad, capacidad y resiliencia. Pasar de ocho satélites L-band a cientos de unidades en órbita baja podría cambiar la escala del servicio.
Como resume un especialista del sector, “las telecomunicaciones ya no se pueden dividir entre móviles, fijas o satelitales: las redes se han fusionado”.
El nuevo mapa de internet: cobertura total como objetivo
La ambición no se esconde: erradicar las zonas sin señal. Esto no solo impacta en viajes, cobertura rural o rescates; afecta a industrias enteras que dependen de datos en tiempo real. Agricultura de precisión, logística global, energía renovable, minería o transporte marítimo verán en esta tecnología una pieza fundamental.
A medida que los satélites se integren en la infraestructura móvil global, la experiencia del usuario cambiará sin que este lo note. El móvil elegirá la mejor red disponible. La llamada seguirá. La videoconferencia no caerá. El mapa cargará incluso en una carretera remota.
Y ahí está la batalla real: convertirse en la red universal antes de que el rival lo consiga.
La carrera ya ha empezado. Y aunque Starlink parece llevar ventaja mediática, Viasat quiere demostrar que la conectividad del futuro será híbrida, compartida y, sobre todo, omnipresente. Para quienes trabajan lejos de las ciudades, para industrias críticas y para quienes simplemente quieren señal en cualquier lugar, el cielo se está llenando de antenas invisibles.
La próxima frontera de internet no está bajo nuestros pies, sino orbitando sobre nuestras cabezas.
[Fuente: Expansión]