Lo que parece un trazo minúsculo y mínimo —una curva en forma de “S”— puede convertirse en un hito para la humanidad. Astronautas europeos lograron, por primera vez, imprimir metal en 3D en órbita. Un ensayo modesto que abre la puerta a fabricar herramientas y piezas directamente en el espacio, sin depender de lanzamientos desde la Tierra.
La primera letra de un futuro distinto

En el laboratorio Columbus de la Agencia Espacial Europea, una impresora 3D especial fundió alambre de acero inoxidable con un láser de altísima potencia. El resultado: una “S” metálica supervisada desde tierra por Airbus y la ESA. El gesto sencillo certifica que la tecnología funciona en microgravedad y puede escalarse a piezas más complejas.
La tripulación apenas activó válvulas y sistemas de seguridad: la impresión se controla de forma remota desde Francia. La “S” no es solo una prueba técnica; es la llave que permitirá analizar cómo la falta de gravedad modifica la estructura interna de los metales.
Great news from the @Space_Station! @ESA’s 3D printer, developed by Airbus, has successfully printed its first metal part in space.
Learn more about this breakthrough achievement: pic.twitter.com/nmMe4TrkuR— Airbus Space (@AirbusSpace) September 6, 2024
Imprimir en lugar de enviar

Hasta ahora mismo, cada herramienta o repuesto debía viajar en un cohete. Con este avance, la ISS podrá en el futuro imprimir piezas bajo demanda. Se prevé fabricar cuatro objetos más, que se enviarán a laboratorios en Europa para compararlos con versiones hechas en Tierra. Así, se sabrá si la microgravedad altera la calidad del metal.
Advenit Makaya, ingeniero de la ESA, resume el objetivo: comprender cómo se comporta el material y preparar el terreno para una economía espacial circular. Eso incluye reciclar metales de satélites en desuso para darles una segunda vida en órbita.
El sueño de la economía espacial circular

La ESA aspira a ser neutral en desechos orbitales en el año 2030. La impresora de metal es pieza central de esa estrategia: permitirá fabricar, reacondicionar y reciclar en el espacio. La meta final es clara: no depender de la Tierra para cada repuesto y reducir la basura espacial que amenaza las órbitas bajas.
Lo que comenzó como una “S” podría terminar en vigas para estaciones, herramientas de reparación o incluso estructuras de futuras bases lunares. El primer trazo metálico impreso en la ISS es, en realidad, la firma de un futuro donde el espacio también aprenderá a reciclar.